Laura Fàbregas

Homo Digitalis

El día que vi a mi vecina feminista y antisistema usar Tinder me di cuenta de que la revolución estaba perdida. Casi muerta y enterrada, coleando en foros virtuales.

Opinión

Homo Digitalis
Foto: Mike Blake
Laura Fàbregas

Laura Fàbregas

Vivo entre Madrid y Barcelona. En tierra de nadie. Me interesan las causas incómodas. Pero lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace.

El día que vi a mi vecina feminista y antisistema usar Tinder me di cuenta de que la revolución estaba perdida. Casi muerta y enterrada, coleando en foros virtuales.

El éxito de esta app es justamente el éxito del capitalismo: haber captado la intolerancia al fracaso de la generación más preparada de España (teníamos que comernos el mundo, pero llegó la crisis…), monetizando la necesidad, tan ancestral, de seguridad mediante una pantalla.

Con Tinder uno elige y descarta a sus pretendientes a través de fotos y desde el sofá de casa; sin pasar por la traumática experiencia de dar la cara ni sufrir por saber que te han rechazado como amante. La limitación, sin embargo, del mundo virtual es que no da la posibilidad de oler (las feromonas), oír la voz, tocar la piel, ni ver… Y, evolutivamente hablando, no han pasado suficientes años como para que el Big Data pueda sustituir el imperativo biológico de buscar a un candidato a través del mecanismo depurado del instinto, la carnalidad, y sí, también la afinidad intelectual.

La ex prostituta de lujo Valérie Tasso alertó en una entrevista de la virtualización del sexo y de una sociedad tan mojigata como hipersexualizada. Afirmaba que Tinder es una forma de consumismo a través de “una vitrina de cuerpos”.

El homo digitalis tiene quizás los instintos tan atrofiados que pronto veremos desaparecer el sexo de nuestras sociedades, o relegado a través de una pantalla. Una generación que teme el rechazo de carne y hueso, y encontrar el amor en plazas y calles, ¿cómo va a poder liderar ningún cambio?

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