Joaquín Jesús Sánchez

Hotel tricornio

"Estos comportamientos mezquinos son poco disculpables, pero parecen poca cosa comparados con los abusos de las fuerzas de seguridad del Estado"

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Hotel tricornio
Foto: Carlos Barba
Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez (Sevilla, 1990) estudió Filosofía y escribe crítica de arte, crónicas malhumoradas y artículos de variedades. Puede seguir sus trepidantes aventuras en www.unmaletinmarron.com

La semana pasada, las simpáticas fuerzas del orden usaron sus dicharacheras redes sociales para alertarnos de un crimen gravísimo: un señor había grabado un vídeo. Un madrileño con gorra decía haberse ido hasta Torrevieja para contagiar a los alicantinos y para zamparse todo el Mercadona. ¡Apocalíptico! La Benemérita no solo actuó con una premura que ya quisieran los Navy Seals, sino que complementó sus diligencias con un aleccionador mensaje en Twitter. Hashtag NoTieneGracia, hashtag cutrevideo, hashtag hotel tricornio. Añadían un vídeo en el que se ve al señor en cuestión siendo metido en el cuartelillo y cuatro puntos suspensivos después: «además mintió en su mensaje». En un giro inesperado de los acontecimientos, resulta que el tipo vivía en el pueblo. Tachán.

Por si no fuera suficiente, al día siguiente, el comisario de la Policía Nacional (el que parece que en cualquier momento va a gritar ¡oh, no, han matado al archiduque!) advertía, en la rueda de prensa del mediodía, de lo imprudente de esas conductas, bla, bla, etcétera, etcétera. Hoy leo que un juez ha decretado el «destierro cautelar de Torrevieja» de este incívico conciudadano. He buscado el auto sin éxito, porque querría saber si además se van a plantar sus campos con sal y cuándo se pronunciarán las setenta y siete maldiciones.

No hace falta poner ejemplos grandilocuentes para probar que un poco de miedo sirve para tolerar cualquier tropelía. En pro del bien común, de doblegar (menuda palabrota) una curva, evitar muertes y bancarrotas, los españoles han salido a los balcones a gritar a sus vecinos que cruzaban la calle. Dame una buena excusa, que la represión ya la pongo yo. Si el CIS hubiese preguntado qué nos parecía poner un cepo en la plaza pública de cada pueblo, consenso nacional. Estos comportamientos mezquinos son poco disculpables, pero parecen poca cosa comparados con los abusos de las fuerzas de seguridad del Estado. Tampoco creo que haga falta una demostración llena de silogismos para afirmar que llevar preso, someter a escarnio público y desterrar a un fulano porque hashtag NoTieneGracia es un exceso que tiene poca justificación.

Y miren, ahórrennos el tonito de compadreo y los chistecitos, que ustedes llevan armas y porras. Hagan lo suyo, nada más; que ya nos ocupamos de las leccioncitas morales nosotros mismos.

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