Pilar Marcos

Hoy NO empieza todo

«La agenda social es prioritaria para Bildu desde los tiempos de la socialización del sufrimiento. Tampoco hace tanto»

Opinión

Hoy NO empieza todo
Foto: Chema Moya
Pilar Marcos

Pilar Marcos

No imagino una vida sin devorar noticias de última hora, análisis mejores y peores… Y menos una en la que la política no marque el pulso diario.

El bildutarra es un tipo gigante. La estatura moral no acompaña a la física porque no se puede tener de todo. Pese a un tamaño que le hace difícil pasar desapercibido, pocos recordarán que lleva en el Congreso desde el verano de 2016. Desde su discreción y su escaño, ha podido ver de cerca que fue entonces, y no en este noviembre de 2020, cuando empezó todo. El jueves, al anunciar el respaldo de Bildu a los Presupuestos de Sánchez, se puso poético: «hoy no acaba nada, hoy recién empieza todo». Pero él sabe que eso no es cierto, que «todo» empezó antes, mucho antes.

Llegó a Madrid como diputado en aquel verano del «no es no» de Sánchez a la investidura de un Rajoy que solo tenía 137 escaños frente a los 85 del PSOE. ¿Se acuerdan? El «no es no» incluía una explicación que nadie se atrevía a verbalizar: Sánchez quería sumar, y encabezar, una mayoría alternativa a Rajoy que entonces era indigerible para todo el PSOE. La célebre coalición Frankenstein. Tan insoportable les parecía a los socialistas de toda la vida pensar siquiera en la posibilidad de encabezar una amalgama de partidos que incluyera a Bildu que su rechazo culminó en un agónico comité federal el 1 de octubre de 2016.

Era sábado y esas reuniones son a puerta cerrada, pero aquel comité federal se radió y televisó hasta en su esperpéntica culminación con la insuperable escena del biombo. El biombo es el mejor resumen de la esencia de Sánchez: hará siempre lo que sea, como sea y donde sea para que Su Persona sea quien empuñe el cetro. Lo demás es lo de menos.

De la mañana de ese día 1 data la memorable descripción que del hombre del biombo hizo un editorial de El País titulado «Salvar al PSOE»: «Sánchez ha resultado no ser un dirigente cabal, sino un insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido que con tanto desacierto ha dirigido antes que reconocer su enorme fracaso». Los responsables de aquel texto pagaron su precio.

El diputado Matute pudo ver desde su escaño cómo continuó el serial. Cómo un PSOE sin Sánchez se abstuvo a final de año en el Congreso para evitar unas terceras elecciones; cómo el hombre derrotado recorrió después las sedes de su partido por toda España para recabar el respaldo de su militancia; cómo logró ganar ese apoyo en mayo de 2017, derrotando a socialistas históricos y a los denominados barones… Y posiblemente vio también, mejor que otros porque la operación fue muy reservada, cómo iba forjándose con toda discreción una coalición Frankenstein para desbancar a Rajoy. En mayo de 2018, con la excusa de un mendaz párrafo empotrado en una sentencia para vestirlo todo de lucha contra la corrupción, fue posible esa indigna suma que en octubre de 2016 era anatema para los socialistas.

Pero aún no se podía decir. Ni siquiera se podía saber. El gesto agriado que exhibe Matute quizá responda a la incomodidad de haber tenido que soportar en silencio, desde la moción de censura, estos dos años y medio de desplantes verbales, de cara a la galería, sobre lo inconveniente que era -y prometían que seguiría siendo por siempre jamás- el partido de los etarras para los socialistas. ¡Lo que hay que aguantar! Cuántas veces habrá pensado: ¡De qué iba a estar éste donde está sin nuestra abstención!; es decir, sin la aquiescencia de Bildu.

Paciencia. Como dice Iglesias, «el bloque de la moción de censura está llamado a asumir la dirección del Estado». Pero antes hay que preparar el terreno. Poco a poco. No iba a ser siempre tan fácil como en la moción de censura. El diputado Rivera alertó de que había un plan, con una banda, en la investidura fallida de Sánchez de julio de 2019. La prueba de que nadie le creyó se la estamparon las urnas en la repetición electoral de noviembre. El desplome de Ciudadanos de 57 a 10 diputados fue el grito del votante a Rivera: «tú tenías que haber evitado todo esto». Pero ¿y si no era posible? ¿Y si en julio de 2019 ya estaba en marcha, como él repetía, «un plan para una década para acabar con España»; un plan con «una banda»: Otegui, Iglesias y demás compas de herriko taberna? Quizá, sin pretenderlo, su sucesora Arrimadas esté dando hoy prueba de la veracidad de esas quejas al comprobar el desprecio a sus insistentes ofertas centradas.

En 2019, y en 2020 hasta anteayer, los socialistas renegaban airados: «¡Con Bildu, no!». Ya. Pero solo un mes después de las quejas de Rivera por el plan y la banda, en Navarra, el PSOE prefirió a Bildu y esquinó cualquier colaboración con Navarra-Suma (que había ganado allí las elecciones) para hacer presidenta a María Chivite. Estábamos en agosto de 2019. Entonces fue difícil, pero Sánchez lo logró. Ahora ha sido más fácil. Al día siguiente a la votación de los Presupuestos en el Congreso volvió a repetirse la operación en Navarra: dos presu-bildu-puestos por el precio de uno. Avanzar es pactar con Bildu sin que sea aritméticamente necesario. Y el avance galopa imparable.

«Prueben a ser poderosos, incluso temibles», invitó el bildutarra a los socialistas desde la tribuna del Congreso. Y la ministra de Hacienda le contestó: «Intervendré muy brevemente para decirle al señor Matute que soy consciente de que, evidentemente, la agenda social es prioritaria para su formación política». Claro. La agenda social es prioritaria para Bildu desde los tiempos de la socialización del sufrimiento. Tampoco hace tanto.

Como proclamó Matute desde la tribuna, «para triunfar es necesario atreverse». Y Sánchez se atreve. ¿A qué? Se atreve, según sus palabras, «a decir por fin adiós al pasado y a abrir la puerta a un futuro de estabilidad y prosperidad». Estabilidad y prosperidad para Su Persona, con el permiso de Bildu, con acercamientos y ongi etorris como primer pago adelantado. ¿Con qué se atreve? Como Matute es de los moderados, desde el Parlamento Vasco el diputado Arkaitz Rodríguez disipó cualquier sombra de duda: «Nosotros vamos a Madrid a tumbar definitivamente el régimen»: la agenda social explicada a los niños.

En los tiempos del sufrimiento -que se llevó por delante a muchos socialistas-, para eso que estos llaman tumbar el régimen tumbaron primero -malamente y para siempre- a casi un millar de incautos que se pusieron a tiro de sus disparos y de sus coches-bomba. Ahora que, gracias a Sánchez, «España dice adiós por fin al pasado y abre la puerta definitivamente al futuro», esos métodos tan desagradables han dejado de ser necesarios. Quizá eso es lo que nos estaba diciendo el tal Matute con aquello de que «hoy no acaba nada; hoy recién empieza todo». Pues ya está: «Bienvenidos a tiempos interesantes».

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