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Humillarse ahora o caer en elecciones

"Lo raro es que no piensen en la desmovilización del voto de muchos ciudadanos; el hartazgo generalizado y el tiempo perdido"

Foto: Fernando Calvo | AP

A Pablo Iglesias le toca humillarse ahora o caer en elecciones. Así resumen algunos reputados socialistas el desgaste que supone ir a unas cuartas elecciones en cuatro años. Como si la culpa no fuera la falta de voluntad política entre ambas partes. Piensan que Iglesias hincará rodilla en el suelo a última hora y se conformará con un pacto programático sin entrar en el Ejecutivo antes que ser fagocitado electoralmente.

Una opción que tuvo eco en julio entre los seis diputados de Izquierda Unida. Y aunque muchos de ellos sigan optando por ella, en Unidas Podemos cierran filas en torno al Gobierno de coalición. Esa crisis quedó cerrada en agosto con varias reuniones y de ahí la incorporación de Yolanda Díaz (Galicia en Común), Jaume Asens (En Comú Podem), Enrique Santiago (IU-PCE) y Juan López Uralde (Equo) al equipo negociador. Nada más sentarse en la mesa durante la primera reunión, la vicepresidenta Carmen Calvo dejó las cosas claras: “Unidas Podemos nunca entrará en el Gobierno”. Una frase que no olvidan los de Iglesias porque, según fuentes presenciales, fue el detonante para casi cinco horas de reproches.

Los socialistas buscan que Iglesias le dé el sí quiero a Sánchez y se comprometa antes que negociar nada. Por eso, no explicaron qué cargos en instituciones del Estado ofrecen a los morados. CNMV, CIS, ICO… Podemos se quedó sin saber qué trozo del pastel ofrecen los socialistas como si de un juego de trileros se tratase. La anomía nace del Gobierno con esta propuesta. La propia CEOE comenta estos días en privado que “no es una medida responsable”. Según las fuentes consultadas, este punto de los 370 del programa socialista se encuentra en “otro nivel de negociación”, insinuando que ni siquiera está desarrollado como para explicarlo. Por si no fuera suficientes, presidentes autonómicos del PSOE proponen ahora la entrada de los morados en el Consejo de Ministros a mitad de legislatura, cuando se hayan portado bien a cambio de aprobar los Presupuestos Generales del Estado.

Mientras Enrique Santiago hacía de mediador para calmar los ánimos, ambos equipos se culpaban del bloqueo como en un patio de colegio con la seño delante. En el PSOE tienen muy claro el mensaje para sacar rédito electoral: mientras los socialistas buscan medidas que beneficien el día a día de los ciudadanos, Podemos se enroca en los sillones. Por ello, el debate tiene que girar en torno a lo programático y así controlar la agenda del resto de formaciones. No les está saliendo mal, con Rivera escondido para que no parezca culpable del bloqueo y Casado de tournée electoral por distintas comunidades.

Todo puede cambiar esta semana cuando los socialistas reciban más encuestas. De momento, en Moncloa manejan una subida de hasta 142 escaños, una cifra nada desdeñable que dejaría al partido lejos de la mayoría absoluta. Podemos bajaría de los 42 escaños actuales hasta, incluso, menos de 30. Con estos datos, estaríamos en el mismo entuerto tras las urnas. Los populares subirían a costa de CS y Vox. Tampoco conseguirían su ansiada mayoría. En Génova, no sé si a modo de chanza, ya tiemblan pensando que Casado tuviera que salir a desbloquear la situación a favor del PSOE. El PP busca desviar el foco mediático con la Púnica asomando en el horizonte de octubre.

No es buen momento para ir a las urnas. La Diada y la sentencia del procés, también en cola para salir, complican la situación a los socialistas. Pero sin duda, el horizonte de una nueva caída en la economía es lo que más preocupa actualmente en Moncloa. Casi mejor elecciones cuanto antes, para evitar ese desgaste. A ello nos abocan irremediablemente y si la voluntad no cambia. Con muchos errores por delante, como prohibir los vehículos diésel y gasolina en España en 2040. Propuesta rectificada al día siguiente por el PSOE, tras el aluvión de críticas justificadas en el sector. Ni la ministra de Industria se enteró por los suyos, sino por el colapso en su teléfono de empresarios alarmados. O la Oficina de Cumplimiento del Acuerdo con Podemos, dependiente del Ministerio de Hacienda. Es decir, destinar recursos públicos a la vigilancia de un pacto por desconfianza entre ambas formaciones. Lo raro es que no piensen en la desmovilización del voto de muchos ciudadanos; el hartazgo generalizado y el tiempo perdido y la falta de voluntad política para llegar a un acuerdo.

Las diferencias entre Sánchez e Iglesias son mayores que entre las de un votante del PSOE y uno de Podemos. Pero en unos meses practicarán el borrón y cuenta nueva, como una cuenta de Instagram vacía tras una ruptura. Todo llega, todo pasa, todo se olvida. ¿Pagarán por estos meses en las urnas?

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