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Iglesias y sus declaraciones: hacer más difícil lo difícil

"Un problema social no es más que una oportunidad para ocupar un espacio de poder"

Escribe José Antonio Montano en El Español del perjuicio de la ideología en esta crisis del COVID-19. O mejor: del perjuicio que supone aprovechar una coyuntura convulsa y dramática para, en lugar de proponer medidas racionales y objetivas, dedicar todo ese tiempo a hacer propaganda política. Lo que Pablo Iglesias pretende, y ha pretendido en cada aparición pública, no es tanto solucionar un problema como usar ese problema en beneficio de su partido. Simulando, además, que trata de buscar un remedio. Es un oportunismo que causaría rechazo en cualquiera.

Se puede hablar de ejemplos recientes, como el que cita José Antonio Montano en su artículo, sobre las caceroladas en medio de una crisis sanitaria. Los partidarios de este tipo de manifestaciones se excusan en que pueden tener empatía con los fallecidos y, a su vez, protestar contra la Corona. Es cierto. Pero el problema es que, en ese momento, en ese preciso momento, Felipe VI emitía un discurso de cohesión social, de recuerdo a los que lo están pasando mal. De apoyo a una sociedad que vive con preocupación e incertidumbre.

La última polémica (que estamos ahora para eso) ha sido un tuit de Iglesias en el que decía que toda la riqueza del país debía estar supeditada al interés general, invocando el artículo 128 de la CE (una Constitución que hasta hace pocos años vinculaban a eso que ellos llamaban el Régimen del 78; es decir, un instrumento casi de opresión). Cuentan que esta declaración tuitera de ideólogas intenciones ha provocado malestar entre los ministros del PSOE, como ya sucediera en aquel consejo de ministros donde se debatieron las condiciones del, por primera vez decretado, estado de alarma.

Las constantes declaraciones políticas de Iglesias podrían generar un clima de tensión social que no necesitamos. Que tan sólo desembocan en tediosas discusiones que nos distraen de un objetivo común: curar enfermos, sanar pacientes, encontrar vacunas para el coronavirus, etc. Al tiempo que construimos un país con fuertes vínculos emocionales entre los conciudadanos, al margen, claro, de las inevitables y necesarias discrepancias políticas. Es paradójico que Iglesias siempre hable en ese lenguaje de valores neutros, las marchas por la dignidad, la solidaridad, la unidad, el bien común, la igualdad, el bienestar, pero que no sea capaz de mantener esos valores en sus acciones y declaraciones políticas. Y más en un país donde vamos contando los muertos casi por miles, cada día.

Pero el mecanismo, casi más perverso que cínico o político, es el de siempre: Iglesias no cita ese artículo 128 de la Constitución en nombre del interés general. Lo cita porque es su manera de publicitar su interés personal, de difundir su ideología política. Insiste mucho en lo colectivo, en lo que “a todos nos afecta”, pero siempre con la intención puesta en un posible rédito mediático. Sabe la lectura que se le podría aplicar a ese artículo, y sabe lo incómodas que resultan, en estos momentos, esas insinuaciones partidistas. Pero nos vuelve a demostrar, como es marca de la casa en el populismo, que un problema social no es más que una oportunidad para ocupar un espacio de poder.

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