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Incentivos para la antipolítica

"El bloqueo político no se explica con la fragmentación o cambios en la sociedad española sino con la mediocridad"

Foto: Erich Gordon | The Objective

Durante años descartaba las generalizaciones sobre la clase política. Cuando alguien que “todos son iguales” le advertía de que la antipolítica no era la solución, que era el camino hacia el populismo. Había que entender los incentivos de los políticos. Las luchas de poder eran una competición virtuosa que beneficiaba a la democracia. La mediatización de la política era un efecto de nuestra posmodernidad. 

El discurso de los incentivos era un calmante y un parche. Servía para ver la política solo como superficie. Los politólogos que llegaron al debate público para introducir el empirismo acabaron vendiendo una visión esterilizada. Había que analizar los intereses; la política no podía analizarse desde la moral. Un referéndum ilegal o un golpe parlamentario eran un reflejo de unas luchas de poder entre diversos actores. Unas declaraciones ofensivas sobre la mitad de la población eran una estrategia para movilizar a los tuyos. El intento de ir más allá de este análisis corría el riesgo de acercarnos a la antipolítica. 

Pero la antipolítica es un hoy un oxígeno necesario. Los líderes de los 5 principales partidos españoles son ejemplo de un fracaso generacional. El bloqueo político no se explica con la fragmentación o cambios en la sociedad española sino con la mediocridad. El político modelo hoy es un influencer que coloca temas en la agenda y se dedica a la guerra psicológica. ¿Hay incentivos para ello? Todos los del mundo. Pero uno debería exigir a la política algo de voluntad por cambiar esos incentivos. El discurso de los incentivos suena a menudo como el del fundamentalismo del mercado: no se puede hacer algo por culpa de la “economía”. 

No es lo mismo esto que pedirle cosas a la política que no puede ofrecer. Es la receta populista: rescatar la autoestima, aspirar a una democracia “auténtica”, conectar al pueblo con su líder. Los ciudadanos deberíamos pedir a los políticos (y esto suena a cliché) que no se dediquen exclusivamente a reaccionar ante la realidad sino que también hagan algo por intentar cambiarla. 

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