Jordi Bernal

Incompetencia parlamentaria

Más allá de la sanjurjada con tricornio y todos al suelo del 81, la política parlamentaria española no ha ido nada mal y ha mantenido unas formas aceptables. Anecdóticas y excepcionales las salidas de tono y formas de algunos diputados. En mis años mozos gozábamos con aquellas intervenciones del mala leche andaluz Guerra. Tahúr del Mississipi llamó a Suárez como si las cortes fueran un lodazal que enfrentara a conceptistas y culteranistas. Todo muy barroco. Spanish. Anguita (qué bien habla este señor, decía mi abuela tal vez recordando su juventud pecaminosa con carné del POUM, desconociendo sin embargo que el Califa de Córdoba no sentía especial simpatía por los trotskistas) tuvo sus enganchadas dialécticas con González, pero nunca llegaron a las manos pese a que el odio mutuo traspasaba la pantalla panzuda del televisor y aquello era tan intenso en miradas y silencios mascullados como un duelo en Ok Corral. Luego llegó el inspector de Hacienda con su “váyase, señor González”, claim impecable que estoy tentando de pensar que ideó el figura Miguel Ángel Rodríguez, aquel casposo del anodino Valladolizzz que piropea a las chatis en edad de merecer.

Opinión

Incompetencia parlamentaria
Jordi Bernal

Jordi Bernal

Periodista a su pesar y merodeador de librerías y cines. Autor del libro de crónicas Viajando con ciutadans (Ed. Triacastela, 2015)

Más allá de la sanjurjada con tricornio y todos al suelo del 81, la política parlamentaria española no ha ido nada mal y ha mantenido unas formas aceptables. Anecdóticas y excepcionales las salidas de tono y formas de algunos diputados. En mis años mozos gozábamos con aquellas intervenciones del mala leche andaluz Guerra. Tahúr del Mississipi llamó a Suárez como si las cortes fueran un lodazal que enfrentara a conceptistas y culteranistas. Todo muy barroco. Spanish. Anguita (qué bien habla este señor, decía mi abuela tal vez recordando su juventud pecaminosa con carné del POUM, desconociendo sin embargo que el Califa de Córdoba no sentía especial simpatía por los trotskistas) tuvo sus enganchadas dialécticas con González, pero nunca llegaron a las manos pese a que el odio mutuo traspasaba la pantalla panzuda del televisor y aquello era tan intenso en miradas y silencios mascullados como un duelo en Ok Corral. Luego llegó el inspector de Hacienda con su “váyase, señor González”, claim impecable que estoy tentando de pensar que ideó el figura Miguel Ángel Rodríguez, aquel casposo del anodino Valladolizzz que piropea a las chatis en edad de merecer.

También es cierto que donde Espartero exhibió a su caballo bien nutrido ha tenido que aguantar presencias impresentables como las de algún vasco despistado en esencias empalagosas y a los inefables catalanes Tardà y Rufián, pareja esperpéntica que movería a la risa sin fin si no fuera porque nos encontramos en unos tiempos pocos aptos para la frivolidad desternillante.

No hay hostias, en fin, pero los pactos brillan por su ausencia. Deberemos concluir que los políticos que teóricamente nos gobiernan no se caracterizan por su eficacia ni capacidad para resolver los problemas de los ciudadanos. Soy partidario de suspender de sueldo a los líderes de los partidos políticos hasta que lleguen a un pacto de gobernabilidad. Apelando al sentido común y a la mayoría democrática, PP y PSOE, con el apoyo de Ciudadanos, deberían ponerse de acuerdo y atender a las necesidades del país. Pero esto es España, niña Isabel.

 

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