Jordi Feixas

Independencia y ridículo

El nuevo movimiento del independentismo, consistente en desplazar a su principal líder hacia tierras norteñas, ha vuelto a suscitar algunas de aquellas grandes frases de nuestra cultura política. Una de ellas, que “en política, se puede hacer de todo menos el ridículo”.

Opinión

Independencia y ridículo
Foto: YVES HERMAN| Reuters

El nuevo movimiento del independentismo, consistente en desplazar a su principal líder hacia tierras norteñas, ha vuelto a suscitar algunas de aquellas grandes frases de nuestra cultura política. Una de ellas, que “en política, se puede hacer de todo menos el ridículo”.

Un servidor se ha mostrado un tanto escéptico ante el valor de dicha sentencia para el juicio histórico, pero la gente sabe de lo que habla y, planteada la citada duda, responden que hacer el ridículo significa ser digno de burla. Precisión de diccionario. El problema es que el ridículo es algo un tanto escurridizo y lo que es objeto de burla para unos, bien podría ser objeto de alabanza para otros. Lejos de demostrar el subjetivismo, esa obviedad más bien constata que, en política, lo importante es no hacer el ridículo a ojos de quien importa. Para una demostración, recuerden lo ridículo que les parecen a algunos determinadas escenas retóricas de un presidente que, sin embargo, sigue cosechando entre seis y ocho millones de votos cada vez que se presenta.

La cosa se complica aún más cuando uno se da cuenta de que, demasiadas veces, eso de hacer el ridículo tiene que ver, mucho más con el resultado de la supuesta acción digna de burla, que de la acción misma. Casi nos acercamos peligrosamente a aquel florentino que, más que suponer que el fin justifica los medios, dio a entender que el resultado –si es mantener el estado- justifica cualquier medio. Así, solo hace falta que lo que hoy es ridículo coseche victorias, para volverse simplemente un tanto cómico y, finalmente, el gesto de un estratega.

Con todo, tal vez algunas de las mejores frases de nuestra cultura política no sean tan buenas y el ridículo que nos suscitan algunas acciones no sea, necesariamente, un buen patrón para el juicio político. Y es que mientras nos reímos de lo que nos parece ridículo, quizás sigan ganando los que se lo toman en serio.

Más de este autor

Coordenadas conservadoras para Catalunya

Algunas voces reclaman respetar la complejidad de lo que es España, protegiendo ciertas competencias de Catalunya –a lo que ya han contestado otras voces diciendo que esto sería atentar contra los derechos de los españoles no catalanistas de este territorio.

Zibaldone

El precio de salvar a España

En su célebre Derecho natural e historia, Leo Strauss reflexionó sobre las normas de justicia que deberían guiar el ejercicio de la política. En una ocasión concreta, lo hizo leyendo a Aristóteles y pensando en esas normas morales que van dirigidas al sostenimiento del bien común.

Opinión

Más en El Subjetivo

Andrés Miguel Rondón

Nosotros los de marzo ya no somos los mismos

«Pero sobre todas las cosas tengo ahora un miedo, un miedo tan profundo como políticamente incorrecto, a que me vuelvan a encerrar. Y tengo unas ganas, unas ganas tan grandes como políticamente incorrectas, a volver a ir a la oficina, a viajar bien lejos de aquí y a donde me dé la gana, a vivir en una normalidad donde volvamos a hablar de otras cosas, a ser, en definitiva, el mismo que fui en marzo»

Opinión

Pilar Cernuda

Algo se mueve…

«Al finalizar el debate ha quedado en el ambiente un nosequé que abre la puerta a la posibilidad de que España supere los muchos males que hoy sufre: un gobierno que depende de populistas, independentistas y socios de los terroristas»

Opinión

Daniel Capó

El rencor inmortal

«Pienso mucho en el rencor porque en mi juventud no creía en él, a pesar de la maldad presente ya en la infancia. Ha sido un descubrimiento de la vida adulta, que es la edad de las traiciones y los desengaños»

Opinión

Luis Arenzana

From Pandemic to Pandemonium

«We strongly believe the Pandemic will extend Government influence to most formerly private enterprises because politicians will not be able to contain their desire for this second opportunity at grabbing more power and control over the means of production»

Opinión