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Independentismo mágico

Foto: Pau BARRENA | AFP

El mensaje institucional del interino Torra a propósito de la celebración de la fiesta independentista dejó bien claro que su República no es de este mundo. Instalados definitivamente en un plano retórico, metafórico, folklórico y simbólico, sólo les queda el relato catártico y fantasioso de una derrota. La enésima. Así subrayó Torra, en su homilía diacrónica retransmitida por la siempre obsequiosa TV3, los paralelismos de la situación actual con aquella Guerra de sucesión en la que los catalanes apostaron por rey perdedor, fueron abandonados a su suerte y a la postre vencidos por las tropas borbónicas. Ya se sabe que de todas las historias de la Historia la más triste sin duda es la de Cataluña, porque termina mal.

De ahí que, sin más armas que la lástima, la absoluta carencia de vergüenza y la autoconmiseración sollozante con banda sonora del bardo viticultor LluÍs Llach (“la libertad, la libertad, esa dama encadenada que nos está esperando”), los líderes independentistas aprovechen cualquier fiesta popular y de guardar para montar el espectáculo peripatético con mucho recitado de poesía. Más que de toma furiosa del Palacio de Invierno, sus manifas tienen todas las trazas de unos juegos florales de poetas tísicos del siglo XIX.

En esta ocasión además no han disimulado su desprecio (pueden ser quejicas pero nadie les niegue su condición de excluyentes) por la mayoría de catalanes que no comparten su pena y su pesar. Ya lo advertía la propia Generalitat a través de sus órganos de propaganda: “Este año el acto institucional está dedicado a los presos políticos y exiliados, así como a la libertad de expresión del pueblo”. Asimismo, el interino Torra respondía a los que criticaron ese arbitrario reservado el derecho de admisión en unos actos pagados por todos los catalanes que si querían reunirse con el fin de celebrar el autonomismo o vindicar el federalismo se montaran su propia toma de la Diagonal o su tétrico y noctámbulo desfile de las antorchas.

Y dado que hoy es festivo en Cataluña y el tiempo invita a los últimos remojos, las asociaciones subvencionadas han organizado autocares y tractores que han llenado de turistas accidentales, toscos y fluorescentes el asfalto barcelonés. Todo sea por alimentar los titulares ufanos de los medios afectos con cifras inverosímiles de participación. Todo sea por el independentismo mágico, ese animalito de compañía del que parecen abjurar incluso sus principales valedores. Aquellos que no hace mucho prometían al pueblo cándido y crédulo la primera victoria en la historia del secesionismo.

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