Hermann Tertsch

Inmensa lección a tiranos y cobardes

En Venezuela ha comenzado un movimiento mucho más ambicioso, mucho más trascendental, que lo es para toda América. Estamos ante una revolución democrática moderna de una sociedad crítica y articulada contra la mentira del populismo.

Opinión

Inmensa lección a tiranos y cobardes

En Venezuela ha comenzado un movimiento mucho más ambicioso, mucho más trascendental, que lo es para toda América. Estamos ante una revolución democrática moderna de una sociedad crítica y articulada contra la mentira del populismo.

Tiene mucha razón Mario Vargas Llosa cuando dice que en Venezuela se dirime la libertad de todo el subcontinente iberoamericano. El Premio Nobel de Literatura es una de las pocas voces que claman su indignación por lo que sucede en Venezuela desde hace muchas semanas ante los ojos de todo el mundo. Es aquello mucho más que otra revuelta popular en Sudamérica contra injusticias, dictadura y brutalidad del gobernante. Es mucho más que una vil cleptocracia de incapaces y embrutecidos gañanes que se parapeta tras su ideología y se aferra a sus privilegios en medio del caos y el colapso del Estado que su propia ineptitud provoca. En Venezuela ha comenzado un movimiento mucho más ambicioso, mucho más trascendental, que lo es para toda América. Estamos ante una revolución democrática moderna de una sociedad crítica y articulada contra la mentira del populismo. Y por tanto contra la piedra angular de las estructuras de poder de toda América Latina, por grandes que sean las variaciones del sometimiento de los diversos Estados a esta lógica en el peor sentido «bolivariana». Esto explica muchos silencios. Las clases medias comenzaron una revuelta contra el poder en el Estado gobernado por los sumos representantes del «Socialismo del Siglo XXI» y herederos de Chávez. Hoy ya no es solo la clase media maltratada y casi estrangulada por el acoso de los rufianes del poder narco-político-militar y los asesinos del terror delincuente. Hoy son muy amplios sectores también populares los que quieren el fin del Estado fracasado del fantasma de Hugo Chávez y el pajarito de Nicolás Maduro. Porque su quiebra es total. Solo el socialismo es capaz de llevar a un país de inimaginable riqueza al estado menesteroso y la quiebra. Solo el socialismo puede conseguir que se pase hambre, haya cortes de luz y racionamiento de combustible en un país que nada literalmente sobre una de las mayores reservas de petróleo del mundo. Con más crudo debajo que Rusia y Arabia Saudí. Solo un régimen criminal que persigue implacablemente libertad y sentido común como sus peores enemigos, consigue acabar siendo un Gobierno «quisling» o pelele de otro régimen, más sórdido, pobre, más putrefacto y fracasado aun, que es el de los hermanos Castro en La Habana. La gran potencia petrolera del Caribe sometida a la abyecta gerontocracia de una isla depauperada por medio siglo de peste comunista. En Venezuela se levanta por primera vez el pueblo no para pedir socialismo sino para pedir libertad, no para pedir ideología igualitaria sino para exigir información y libertad de expresión del individuo, no en demanda de consuelo sino reclamando responsabilidad. En Venezuela las víctimas no ejercen victimismo ni demandan caudillos sino exponen las fórmulas para salir de la crisis y la penuria basadas en la libertad de todos y cada uno de los venezolanos frente a las ideologías fracasadas del socialismo y terceras vías siempre fagocitadas por el izquierdismo  irredento de América Latina. El Socialismo del Siglo XXI, que hace una década amenazaba con dominar todo el subcontinente, estácontra las cuerdas en su principal guarida y fuente de financiación. Aun callan los líderes latinoamericanos, todos acostumbrados a presentar sacrificios ante los ídolos de la demagogia populista. Todos cobradores de favores y cheques, petrodólares o narcodólares. Aun boicotean a quienes exigen libertad en la OEA. Aun callan cobardemente, -también España para nuestra vergüenza-. Pero en las calles de Venezuela en las calles (y en las altas esferas de México, dicen algunos) se fragua por fin una respuesta latinoamericana de libertad a la vía fracasada del socialismo, del fracasado odio a la libertad.

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