Víctor de la Serna

Inusitadas exhortaciones vaticanas

«La Iglesia parece en camino de abandonar su papel de faro espiritual para acomodarse a las exigencias de lo políticamente correcto, o lo que pasa por tal en estos tiempos»

Opinión

Inusitadas exhortaciones vaticanas
Foto: Carlos Herrera en COPE| Reuters
Víctor de la Serna

Víctor de la Serna

Periodista generalista a la antigua usanza, ha acabado especializándose en comunicación, cocina, vinos, baloncesto y las calles de Madrid.

La desconcertante y decepcionante entrevista del Papa Francisco en la cadena Cope ilustra un ángulo más de la confusión política, social y moral en la que se encuentra el mundo tras la suma de calamidades que estamos padeciendo, desde la pandemia hasta los talibán. Por una parte, se pronunció claramente sobre cómo es hora de terminar con las intervenciones externas destinadas a instalar la democracia ignorando tradiciones y culturas, atribuyendo esta frase a Angela Merkel… cuando en realidad la pronunció Vladimir Putin hace unas semanas. Y también se lanzó a criticar la falta de «reconciliación» entre españoles, en un alegato que habrá encantado al separatismo catalán y que, claro, obvia que nuestra democracia reconoció hace 43 años las nacionalidades y creó el sistema federal -aquí llamado autonómico- con más atribuciones regionales de toda Europa, sin privilegios ni abusos.

Habrá que excusar la confusión Merkel-Putin -no exactamente dos primos hermanos ideológicos- por la elevada edad del Pontífice, y atribuir su perfecta incomprensión de lo que lleva casi medio siglo sucediendo en España al hecho de que él es argentino y no está muy al tanto… Pero el borrón y cuenta nueva ante estos deslices sería, nos parece, excesivo: la Iglesia, atribulada por sus crecientes problemas de encaje en la sociedad moderna, eligió al cardenal Bergoglio precisamente para que diese una imagen progresista y no atada a convenciones añejas. Y él lleva haciendo este tipo de manifestaciones sorprendentes desde el principio.

Eso sí, asumir lo de Putin y defender por tanto las «tradiciones y culturas» como el sometimiento absoluto de las mujeres en los países con gobiernos integristas musulmanes equivale, si uno le pone un poco de mala intención, a olvidarse de pronto de que, con su vocación misionera, el cristianismo ha desempeñado un papel esencial en la propagación de los derechos humanos, la democracia y la libertad económica por el mundo. Contra tradiciones y culturas como las que acaban de regresar a Afganistán.

Este último episodio en el discordante concierto moral, político e intelectual que hoy reina en Occidente, mientras Estados Unidos se bate en retirada y dos países totalitarios como China y Rusia pugnan por ocupar su lugar, añade algo más de amargura al panorama. La Iglesia parece en camino de abandonar su papel de faro espiritual para acomodarse a las exigencias de lo políticamente correcto, o lo que pasa por tal en estos tiempos. Y se añoran épocas, no tan lejanas, en las que los cristianos y los demás ciudadanos libres del mundo occidental podían buscar en un mensaje pontificio vías hacia lo justo, no hacia lo «correcto».

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