Javier Capitan

Irracionales y anormales

Entre las múltiples asociaciones que existen en España, hay una dedicada a convencernos de que tenemos que cambiar nuestros horarios. El New York Times publicaba un artículo bajo el título “Spain, land of 10 p.m dinners, asks it it’s time to reset clock”.

Opinión

Irracionales y anormales

Entre las múltiples asociaciones que existen en España, hay una dedicada a convencernos de que tenemos que cambiar nuestros horarios. El New York Times publicaba un artículo bajo el título “Spain, land of 10 p.m dinners, asks it it’s time to reset clock”.

Entre las múltiples asociaciones que existen en España, hay una dedicada a convencernos de que tenemos que cambiar nuestros horarios. La Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) y su presidente Ignacio Buqueras llevan más de una década de apostolado intentando convertirnos a la fe de los modos de vida europeos. Hay que reconocerle a D. Ignacio que debe administrar muy bien sus horarios para dedicar tanto tiempo a tan redentor empeño, porque imagino que no se ganará la vida con tan curiosa actividad. Ese cambio de horarios lo justifica con las palabras racionalización y normalización. De tal forma, que lo que ARHOE sugiere es que los españoles somos irracionales y anormales. Pues me apunto.

En su edición de ayer, el New York Times publicaba un artículo bajo el título «Spain, land of 10 p.m dinners, asks it it’s time to reset clock». Jim Yardley (Buqueras disfrazado de americano) dice que la crisis económica nos obliga a ser más productivos y que unos horarios buquerianos contribuirían a ello. Ahora va a resultar que el problema de la economía española radica en un simple ajuste de reloj y que la adopción de un horarios europeos es la panacea de la racional y normal felicidad, además de un motor económico de primera magnitud.

Personalmente, me hastía tanta preocupación paternal por nuestro bienestar. Vivimos como vivimos porque así lo hemos querido, porque en nuestras calles se puede estar hasta tarde, porque el bar es nuestra plaza pública, porque para nosotros comer no es un simple acto de reposición de fuerzas para seguir siendo productivos, porque la racionalidad es lo que queda cuando no se tiene nada mejor que dar y porque la normalización es la forma más productiva de matar el talento. Vivan todos los «buqueras» en el horario que les dé la gana y déjennos a los demás con nuestra vida loca. Porque, cuando viajo al extranjero, me entran una ganas de «irracionalizarles» y «anormalizarles» los horarios…

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