José María Albert de Paco

Jauría contra la manada

Durante los casi dos años que han transcurrido desde la madrugada del 7 de julio de 2016 el periodismo no ha reprimido un solo desahogo con la sedicente Manada, a la que desde primera hora, y tras conducirla al rellano de la presunción de culpabilidad, sometió a un trato ciertamente degradante.

Opinión

Jauría contra la manada
José María Albert de Paco

José María Albert de Paco

De pequeño, en la playa, solía entretenerme yendo y viniendo de lo hondo con algo que demostrara que había estado allí. Fue aquella mi primera escuela de periodismo.

Durante los casi dos años que han transcurrido desde la madrugada del 7 de julio de 2016 el periodismo no ha reprimido un solo desahogo con la sedicente Manada, a la que desde primera hora, y tras conducirla al rellano de la presunción de culpabilidad, sometió a un trato ciertamente degradante. De aquel suceso apenas ha trascendido un relato fragmentario y plagado de claroscuro. La corrección política, no obstante, no se atiene a los matices, siempre reaccionarios, y hace ya tiempo que, por boca del feminismo rampante, deslizó la posibilidad de que una sentencia adversa desembocara en un nuevo 15-M. Una hoguera preventiva.

El intento de asalto a los juzgados de Pamplona por parte de la turba dio la medida de lo que habría podido ocurrir si los Cinco de San Fermín hubieran sido declarados inocentes. Debió de ser, por cierto, el primer intento de asalto a un juzgado que se lleva a cabo bajo las consignas “yo-soy-respetuoso-con-lo-que-dicen-los-jueces” o “yo-defiendo-la-división-de-poderes”, las mismas con las que Ferreras avivaba, en La Sexta, su festival adversativo. Y al fondo, el mutismo de tantísimos hombres y mujeres, periodistas o no, que evitan, acaso por temor, especular a despecho de los tiempos. Como si sólo la jauría tuviera licencia para mejorar el silencio.

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