Carmen Guitian

Je m´appelle Adou

n su desesperación no pensó en las consecuencias de sus actos, sin quererlo casi acaba con la vida de lo que más quiere en este mundo. Afortunadamente, de forma casi milagrosa, su hijo no se había asfixiado en el interior de la maleta rosa que podía haber sido su ataúd.

Opinión

Je m´appelle Adou

n su desesperación no pensó en las consecuencias de sus actos, sin quererlo casi acaba con la vida de lo que más quiere en este mundo. Afortunadamente, de forma casi milagrosa, su hijo no se había asfixiado en el interior de la maleta rosa que podía haber sido su ataúd.

Por un instante pensé que estaba viendo la ecografía de un bebé a punto de nacer, segundos después salí de mi error y comprendí que se trataba de un niño de 8 años, acurrucado en posición fetal dentro de una maleta. 

Por supuesto han detenido al padre por exponer a su hijo a esta aventura mortal. Adou, originario de Costa de Marfil, se encuentra en prisión comunicada sin fianza, está acusado de un delito contra los ciudadanos extranjeros.

Fátima, de 19 años, era la encargada de llevar a cabo la misión. Su vida en Castillejos, a unos dos kilómetros de la frontera Ceutí, nunca ha sido fácil. Al igual que Adou está en prisión, acusada del mismo delito.

Los  guardias civiles que controlaban el paso de extranjeros en la frontera del Tarajal, franja que separa Marruecos de Ceuta, notaron  el nerviosismo de aquella joven que viajaba sola, debía tener unos dieciocho años, quizás como mucho diecinueve, no quería separarse de su maleta rosa e intentó atravesar la frontera, sin pasarla por el escáner.

Naturalmente Fátima fue informada de la obligatoriedad de pasar su maleta por este artilugio capaz de desvelar el interior de nuestros equipajes y en ese momento el pánico se reflejó en su mirada. 

Los guardias civiles no podían creer lo que veían, hombres curtidos que habían localizado inmigrantes atados a los bajos de camiones, atrapados en guanteras o en salpicaderos de coches, jamás habían visto algo parecido.

Adou tiene cuarenta y dos años, hace tiempo que reside en Las Palmas de Gran Canaria, ya tiene sus documentos en regla, y el sueño de su vida es reunirse con su hijo Adou que vive en Costa de Marfil.   

Una hora y media después de ser detenida Fátima, Adou atraviesa la frontera del Tarajal, está lleno de ilusión, el reencuentro con su hijo está muy cerca. Al comprobar en sus  papeles que nació en Costa de Marfil, el guardia civil ata cabos y sospecha de su relación con el niño encerrado en la maleta.

El padre al ser descubierto se derrumba, el plan ha fracasado. En su desesperación no pensó en las consecuencias de sus actos, sin quererlo casi acaba con la vida de lo que más quiere en este mundo. Afortunadamente, de forma casi milagrosa, su hijo no se había asfixiado en el interior de la maleta rosa que podía haber sido su ataúd.

El niño, asustado, al ver las caras alarmadas de los guardias civiles que abrieron la maleta en la que estaba encerrado, pronunció estas palabras: “Je m’appelle Adou”.  

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