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La brecha vernácula, la esperanza de Sánchez

Quedan 50 días de campaña para descifrar el enigma: la conquista del poder ejecutivo en España

Foto: Congreso de los Diputados

“Si haces que los adversarios no sepan el lugar
y la fecha de la batalla, siempre puedes vencer”
Sun Tzu

Quedan 50 días de campaña para descifrar el enigma: la conquista del poder ejecutivo en España. Pero la verdad es que nos han convocado a las elecciones a Cortes Generales, es decir, al Congreso y al Senado.

Además, lo más probable es que esa noche de abril no sepamos a ciencia cierta quién se sentará en el primer escaño azul del Congreso. Pero tras el escrutinio sí sabremos cómo se articularán las mayorías en la próxima legislatura, ábaco electoral mediante.

En esta era de las primeras veces que nos ha tocado vivir, ya no es una locura pensar que las mayorías de uno y otro hemiciclo puedan quebrar su habitual simetría. Y la victoria en las dos plazas no es una empresa fácil.

Dentro de los libros sobre estrategias y tácticas militares, existe uno de referencia con saberes milenarios. Sun Tzu, en su “Arte de la guerra”, ofrece aprendizajes que tienen aplicación en el ámbito electoral.

“Si haces que los adversarios no sepan el lugar y la fecha de la batalla, siempre puedes vencer”, nos susurra el manual.

La fecha ya la sabemos todos desde hace tres semanas, aunque, como cualquiera puede intuir, alguno lo sabía mucho tiempo antes. Pero ¿y el lugar de la batalla? Ay! el lugar.

Con permiso de los valencianos, el 28-A se librarán dos guerras simultáneas, la del Congreso y la del Senado. Pero serán muy diferentes entre sí por una triple razón. Veamos:

– Para empezar, los campos de batalla son parecidos pero distintos, 52 circunscripciones en uno y 59 en el otro.

– También son diferentes los botines a conseguir en cada campo de batalla. Los 350 diputados se distribuyen por provincia de manera imperfectamente proporcional, y los 208 senadores se reparten a razón de 4 escaños por circunscripción, con el singular reparto de los territorios no peninsulares.

– Y, además, la forma de repartir las conquistas también difiere. En uno se utiliza la fórmula propuesta por, el injustamente tratado, Victor D´Hont, y en el otro, serán electos los nombres que más apoyos reciban.

Criterios para diseccionar y reconocer el terreno de juego se pueden aplicar tantos como se quiera. Por ejemplo, parece más que oportuno observar el comportamiento del electorado en función del tamaño de la circunscripción y dividir así el tablero. Un ejercicio que debe hacerse siempre, pero que en este caso resulta más que obligado, ya que muchos son los partidos con opciones de entrar en las provincias más pequeñas.

Existe una división que será fundamental en los próximos comicios. Se trata de la brecha vernácula y podría ser la clave de bóveda que permitiría a Pedro Sánchez permanecer en la Moncloa.

Hablamos de brecha porque existe un comportamiento diferencial del electorado en función de un criterio, en este caso la lengua. Por ejemplo, la caída del bipartidismo en España y la posterior llegada del multipartidismo no se podrían entender sin tener en cuenta la brecha generacional, es decir, el comportamiento diferencial entre los votantes de más edad y los más jóvenes.

Hablamos de vernácula porque se refiere a la lengua. Si dividimos el terreno de juego en función de si la Comunidad Autónoma tiene lengua cooficial o no, observamos que el 60% de los españoles vota en territorio monolingüe y el 40% en el cooficial.

Los resultados de las últimas elecciones en 2016 nos dicen que el PP fue la primera fuerza en los dos terrenos, pero en la orilla cooficial estuvo a punto de ser superado por Unidos Podemos, 17,5% frente a 17,2%, ambos datos expresados en porcentaje sobre censo.

La brecha vernácula, la esperanza de Sánchez

La zona monolingüe reparte 216 diputados y la cooficial 134 escaños. Los partidos de derecha de ámbito nacional suelen obtener menos rendimiento entre los votantes de ámbito cooficial que en el monolingüe. En el 2016, al Partido Socialista también le sucedió y sufrió un rotundo sorpasso.

Dentro de esa España cooficial Cataluña tiene un peso específico de primera magnitud. La gestión que el Presidente Sánchez ha hecho del expediente catalán podría tener un reflejo diferente en cada una de las zonas. Mientras en la España monolingüe podría perder cierta capacidad de atracción, en la zona cooficial podría ser el fermento necesario para el regreso de su votante pródigo.

El PSOE lleva 10 años sin ser la primera fuerza en Cataluña, pero ahora los datos demoscópicos revelan que en esta ocasión estaría en disposición de recuperar esa condición, gracias al claro retroceso de Unidos Podemos.

Así que, mientras la tarea parece encarrilada en uno de los platillos de la balanza, en el otro, el PSOE necesita la fragmentación del voto de la derecha. Esa dispersión de fuerzas aumentaría sus opciones de victoria tanto en el Congreso como en el Senado. Las apelaciones a la “derecha trifálica” y a los “trillizos de Colón” tendrían como objetivo, intencionado o no, distraer a sus rivales y ponerlos a competir entre ellos.

La estrategia podría resumirse en dos tiempos: la recuperación del voto cooficial más la fragmentación del voto de la derecha monolingüe. Un divide et impera sanchista de manual.

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