Paloma Barrientos

La chica de la estación

Seguramente los directivos y los responsables del sindicato mayoritario que han convocado los paros tienen otra manera de moverse y otras fechas lectivas para viajar pero la gran mayoría de los ciudadanos no.

Opinión

La chica de la estación

Seguramente los directivos y los responsables del sindicato mayoritario que han convocado los paros tienen otra manera de moverse y otras fechas lectivas para viajar pero la gran mayoría de los ciudadanos no.

Que te toque una huelga justo cuando comienza lo que podría ser el puente de tu vida es una faena, y de las gordas. Los trabajadores de Renfe así lo han decidido y los que tienen capacidad para llegar a un acuerdo no lo han hecho. Seguramente los directivos y los responsables del sindicato mayoritario que han convocado los paros tienen otra manera de moverse y otras fechas lectivas para viajar pero la gran mayoría de los ciudadanos no. Y ahí está el problema. Presionar por convenios dignos sí, pero también no perder de vista que para muchos ciudadanos el tren es su billete de libertad para un ocio merecido.

Según el refrán «hablando se entiende la gente», pero en este caso las conversaciones que mantuvieron deben desarrollarse en swajili por una lado y esperanto por otro. De ahí la imposibilidad de un encuentro. El primer escalón de toda reivindicación es llamar la atención, después, la presión y por fin la solución para llegar a buen puerto aunque este puerto se haya convertido en inalcanzable como le sucede a la chica solitaria de la foto.

Me gustaría saber su historia. Tranquila, sentada en su bolsa y con la inmensidad de la estación solo para ella, habla por teléfono quizá con la persona que la esperaba al final del trayecto.

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