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La ciencia como excusa

La caza de ballenas está prohibida en todo el mundo desde 1986. Fue una decisión drástica tomada por la comunidad internacional como única manera de evitar la extinción de este cetáceo, tras décadas y décadas de masacres sin control.

La caza de ballenas está prohibida en todo el mundo desde 1986. Fue una decisión drástica tomada por la comunidad internacional como única manera de evitar la extinción de este cetáceo, tras décadas y décadas de masacres sin control. Solo se permitió la caza de ballenas a determinadas comunidades que dependen de ella para subsistir, pero se dejó una puerta abierta, además, a la posibilidad de que se mataran cetáceos libremente para mejorar la investigación. “Fines científicos”, se llamaba.

El Artículo VII de la Convención que regulaba esta caza ha resultado ser un coladero. Algunos países como Noruega, Islandia y, sobre todo, Japón, han cazando ballenas con fines comerciales bajo supuestas intenciones científicas nunca demostradas. Unas 10.000 ballenas han muerto a manos de los balleneros japoneses desde que prohibió su caza hace casi 30 años.

Ahora, la Corte Internacional de Justicia ha considerado probado, con un amplio margen, que la pesca de ballenas por parte de Japón no tiene fines científicos en absoluto, y ha prohibido la concesión de nuevos permisos. Lo denunciaron Australia y Nueva Zelanda, aunque, según Wikileaks, los tres países han estado negociando cazar en aguas niponas a cambio de reducir la caza en la Antártida.

Posiblemente, esta decisión no frenará la caza encubierta de cetáceos. Japón ya ha dicho que va a estudiar y recurrir la sentencia. Pero, al menos, es una gran noticia que se deje de usar la ciencia como excusa para el comercio.

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