Ramon Gonzalez Ferriz

La comida y la guerra

La tecnología militar casi siempre acaba llegando a los civiles. Tal vez esta portentosa pizza de aspecto discutible sea algún día igual de eficiente para alimentarnos como las sardinas en escabeche.

Opinión

La comida y la guerra

La tecnología militar casi siempre acaba llegando a los civiles. Tal vez esta portentosa pizza de aspecto discutible sea algún día igual de eficiente para alimentarnos como las sardinas en escabeche.

«Un ejército marcha sobre su estómago», dijo Napoleón Bonaparte. Eso ha sido cierto desde el inicio de las guerras: una de las mayores preocupaciones de todos los ejércitos ha sido el abastecimiento de comida -y a veces también de sexo y otras comodidades- para sus soldados en movimiento. Muchas de las bajas militares que tenían lugar en las guerras no se producían en los enfrentamientos, sino por falta de alimentos y agua en buen estado, lo que provocaba con frecuencia fiebre tifoidea o disentería.

A finales del siglo XVIII, el problema persistía, y el ejército francés organizó un concurso: premiaría a quien diera con un método que permitiera conservar y transportar alimentos con mayor comodidad a las tropas. El premio se concedió en 1810, un momento idóneo, puesto que el país estaba librando las llamadas guerras napoleónicas. Lo ganó un pastelero, Nicolas Appert, que durante mucho tiempo había ido haciendo pruebas hasta dar con un método que funcionaba: introducía la comida en botellas de cristal con la boca estrecha, las tapaba con corcho que sellaba con cera y luego las sumergía en agua hirviendo.

El invento funcionó, aunque el proceso de elaboración y transporte era demasiado lento y costoso, y los soldados franceses del momento -que estaban intentando invadir Rusia- apenas se aprovecharon de él. Su popularidad fue inmediata y pronto se mejoró, al sustituirse las botellas de cristal por latas e iniciarse así la larga, gloriosa y barata tradición de las conservas en lata.

La tecnología militar casi siempre acaba llegando a los civiles y, en muchos casos, demuestra ser increíblemente útil. Tal vez esta portentosa pizza de aspecto discutible sea algún día igual de eficiente para alimentarnos como las sardinas en escabeche.

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