Roberto Herrscher

La degradación final del “Yes we can”

“Yes we can” pasó de la esperanza al vacío y del vacío a tomar un cariz nuevo y aterrador

Opinión

La degradación final del “Yes we can”
Roberto Herrscher

Roberto Herrscher

Periodista, licenciado en sociología y profesor universitario. Master en Periodismo por la Universidad de Columbia y posgrado del Instituto para el Desarrollo de Periodismo Internacional de Berlín (IIJB), reside en Barcelona, donde dirige el Master de Periodismo BCNY.

“Yes we can” pasó de la esperanza al vacío y del vacío a tomar un cariz nuevo y aterrador

Cinco años más tarde, la célebre frase de la exitosa campaña electoral de Barack Obama, «Yes we can», pasó de la esperanza al vacío y del vacío a tomar un cariz nuevo y aterrador. 

El joven senador Barack Obama irrumpió con un discurso vibrante y hueco en la Convención demócrata de 2004. Fue a partir de los sueños de los deseosos del cambio que Obama llegó a presidente: su discurso de sentimientos y no de promesas concretas caló en el electorado, porque traía una imagen distinta. Creímos que defendería a los de abajo, a las minorías, porque tenía su cara. 

Símbolo de todo esto fue su «Yes We Can», «Sí, podemos». ¿Quiénes podemos? ¿Podemos qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? No importa. Era un cheque en blanco a la esperanza. 

Aún antes de comenzar su primer mandato en 2008, quedó claro que no iba a cambiar nada sustancial: como presidente electo, corrió a firmar con su antecesor George W. Bush el billonario rescate a la banca, sin condiciones y sin exigencia de enmienda. 

Muy pronto el «Sí, podemos» se vació de contenido. Pero en el segundo mandato de Obama el eslogan se convirtió en otra cosa. Con la revelación de secretos (la vigilancia de líderes y ciudadanos propios y extranjeros) y el sacar pecho por operaciones de asesinato y venganza, muchos empezaron a pensar que los que podían cumplir sus deseos no eran sus esperanzados votantes, sino el omnívoro poder del ‘establishment’.  

El poder se veía reforzado. Una de las poquísimas propuestas concretas de Obama, cerrar Guantánamo, no sólo fue incumplida, sino que se siguió usando la tortura y se profundizó en el asesinato de civiles con el uso escalofriante de drones no tripulados y  la vigilancia secreta de enemigos, aliados, las conversaciones privadas de la población civil.  

Ahora queda claro: el «we» de «Yes we can» se refiere a ellos, los que siempre mandaron. Ellos pueden espiar a quien quieran y cerrarse al escrutinio público; ellos pueden torturar y matar sin juicio; ellos pueden seguir haciendo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. 

Ellos pueden. ¿Cuándo podremos nosotros?

Más de este autor

Roger Moore y los actores de nuestra vida

Uno no elige a su agente 007. Es el que le toca a su generación. La generación de mi padre creció con el James Bond del elegante y desacomplejado Sean Connery. La de mi hijo, con el complejo, traumatizado, posmoderno Daniel Craig.

Opinión

Treinta mil

Te queman la casa. Te tiran el auto al mar. Te roban todo lo que tienes. Esconden los documentos. Te niegan la información del catastro, de tu situación laboral y fiscal. Y te hacen responsable de decir exactamente cuánto valía lo que te robaron, lo que te destruyeron, lo que te escondieron. Y si das un número aproximado, te acusan de no decir con exactitud cuánto fue. “Está diciendo más; es que quiere ganar plata con esto. Calcula en su beneficio”.

Opinión

Más en El Subjetivo

Gregorio Luri

Acting white

«Ni el libro, ni el conocimiento, ni la evaluación son residuos del etnocentrismo blanco. Tampoco el multiculturalismo por sí mismo favorece la convivencia»

Opinión