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La donación de órganos y la inmersión lingüística

Foto: ALBERT GEA | Reuters

Una de las falacias que utiliza el nacionalismo catalán para defender el modelo de inmersión lingüística en las escuelas es que son solo “cuatro familias” las que están en contra. Que goza de un consenso muy mayoritario en la sociedad catalana, ¡como el derecho a decidir!

Todos los nacionalismos se basan en grandes mentiras, y el de las élites catalanas todavía más. Tener un enemigo externo –España- es mano de santo para no cuestionar los relatos de la propia tribu. El sistema clientelar montado por la Generalitat también contribuye a que escaseen los periodistas libres que traten de descubrir la verdad. Pero más que el sistema es la autocensura la que propicia que prosperen las mentiras. El convencimiento de que los buenos son siempre los tuyos. También el relativismo que impera en el periodismo, que predica que todo es cuestión de perspectivas. Este relativismo es el que hace que ahora asistamos consternados a que el máximo exponente de esta bandera sea Donald Trump. Sus “hechos alternativos” frente a los“hechos” le sirve para esquivar la rendición de cuentas ante la prensa. Y, encima, reírse de ellos.

Esta comunión de poder y prensa en Cataluña se vio desde los tiempos de Banca Catalana, con la reforma de un Estatut que no interesaba a nadie hasta el bombardeo mediático contra su sentencia, o con la supuesta guerra entre catalanes y españoles que homenajeaba el Tricentenario. También con las audiencias de TV3.

La inmersión es parte de lo mismo. Pero además se basa en ese mecanismo que ejercen los gobiernos de la voluntad presunta. O lo que es lo mismo, obligar a los ciudadanos a oponerse públicamente. A ser héroes en democracia al no tener unas instituciones que protejan sus derechos.

Esto no es nuevo. Lo saben todos los países que quieren que una iniciativa tenga adeptos. Pero hay fines más nobles que otros: En Holanda han aprobado una ley que convierte sistemáticamente en donante a todos los mayores de 18 años que fallezcan. Salvo oposición expresa. En otros países hay la libertad de elegir o existen unos trámites para ser donante, lo que ahuyenta a muchos potenciales interesados.

Lo que fija la ley es lo que se convierte en norma. En Cataluña no permitieron que el bilingüismo natural de la calle se reprodujera en las aulas. Establecieron por ley un idioma vehicular. Y un sistema de inmersión hacia una sola dirección. Han preferido obligar al disidente a significarse.

A ver quién es el valiente ahora que va a la contra.

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