Sara Montero Minguez

La duquesa en bikini

Lo más rompedor que ha hecho la duquesa de Alba en los últimos años es ponerse un bikini a los 84. Lo realmente revolucionario hoy en día es no tener complejos.

Opinión

La duquesa en bikini

Lo más rompedor que ha hecho la duquesa de Alba en los últimos años es ponerse un bikini a los 84. Lo realmente revolucionario hoy en día es no tener complejos.

Lo más rompedor que ha hecho la duquesa de Alba en los últimos años es ponerse un bikini a los 84. En una sociedad donde las veinteañeras se operan para cambiar su cuerpo, la octogenaria salió a bañarse con un dos piezas. Y volvió a repetir la hazaña años después, consciente de las críticas y los flashes. Lo realmente revolucionario hoy en día es no tener complejos.

Sé que os puede parecer poco subversivo ser fotografiada en bañador en comparación con que no invitase a su boda al dictador Francisco Franco en 1947. Tal gesto no lo hace quien quiere, sino quien puede. Solo una «grande de España» con 46 nobiliarios podía permitirse ese privilegio tras el escudo de la defensa monárquica. Mucho menos revolucionario me parece gastarse 20 millones de pesetas en la España de la posguerra.

Sus matrimonios siempre tuvieron un punto de insurrecto. Desde el excura que se convirtió en el marido de la aristócrata (Jesús Aguirre) hasta Alfonso Díez, al que la «Grande de España» le sacaba más de 20 años. La duquesa vuelve a romper esquemas. Fue él (y no ella) el que fue acusado de «cazafortunas» por casarse con una mujer que pasaba de los 80 años. Hoy los periódicos le alaban en su faceta de «cuidador», llaman amistad»» a lo que la pareja quiso llamar «matrimonio». No recuerdo tantos halagos cuando la viuda joven ha sido una mujer.

Lo que ha puesto de manifiesto el fallecimiento de la duquesa de Alba es que el lenguaje de la aristocracia ha quedado arcaico. Ser un «grande de España» ya no significa nada. El papel de la nobleza española se reserva para las páginas de la prensa rosa y en pocas ocasiones para la sección de Nacional.

Y por supuesto, ninguno de sus hijos ha heredado el carisma de Cayetana de Alba.

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