Javier Capitan

La emoción viaja en botella

Lo primero que he pensado al ver la botella mensajera que, tras ciento un años de travesía, ha sido recuperada por un pescador alemán es que ya no se hacen botellas como las de antes.

Opinión

La emoción viaja en botella

Lo primero que he pensado al ver la botella mensajera que, tras ciento un años de travesía, ha sido recuperada por un pescador alemán es que ya no se hacen botellas como las de antes.

Lo primero que he pensado al ver la botella mensajera que, tras ciento un años de travesía, ha sido recuperada por un pescador alemán es que ya no se hacen botellas como las de antes. Ese color que mantiene más de un siglo después y la sensación de robustez que sigue transmitiendo a pesar de la fragilidad del cristal me hace añorar aquellos tiempos en que las cosas se hacían para la eternidad. Esa época en la que los seres humanos pisaban para dejar huella frente a ésta en la que no se quiere dejar rastro.

Esa botella-tesoro se lanzó al mar con la esperanza de que alguien la encontrara, de que ese alguien la abriera y se tomara la molestia de ver qué había en su interior, de que la emoción del descubrimiento le conmoviera y le hiciera buscar al destinatario y de que, finalmente, algún día llegara a su hogar. Los destinatarios originales vivieron menos que la botella, pero la bisnieta del bebedor de aquella cerveza (porque digo yo que se la bebería) ha recibido el recuerdo más inesperado y por la vía más inverosímil de aquel hombre de quien poco le habrían contado y de cuya presencia en esta vida no tendría recuerdo alguno. Un pequeño milagro de viaje en el tiempo, de abrazo de dos siglos en los que el mundo ha cambiado más que en los veinte anteriores. Una sorpresa del pasado que provocó en la mujer unas lágrimas tan saladas como el agua del mar que conservó en salmuera el mensaje del bisabuelo. El eco de una emoción que por fin ha salido de la cueva de la botella, la emoción del momento en que aquel hombre lanzó la botella al mar de Dinamarca con la esperanza de que encontrara su destino.

Al fin y al cabo, son las emociones las que mueven a las personas. Ahora sabemos que también impulsan las botellas.

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