José Carlos Rodríguez

La energía de las estrellas

«Lo que hace tan antipática la energía nuclear a los zelotes que aborrecen las sociedades libres es que lo único que necesitamos para dominarla es conocimiento y capital»

Opinión

La energía de las estrellas
Foto: Mick Truyts| Unsplash
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

Manipular los elementos más básicos de la materia nos permite extraer de ella mucha energía. Lo hacemos rompiendo moléculas de uranio enriquecido; la fisión nuclear. Pero también podemos hacerlo logrando que dos moléculas pequeñas se unan (fusión) en otra de mayor tamaño.

La fusión nuclear tiene muchas ventajas sobre la fisión. El combustible (hidrógeno) es potencialmente ilimitado, y su funcionamiento se puede controlar sin más que reducir o detener el aporte de ese combustible. No depende de un sistema de seguridad auxiliar. No produce gases nocivos (polución) o de efecto invernadero. Y los residuos tienen una actividad radiactiva muy baja.

El principal problema que tiene la fusión es que, con la tecnología que tenemos, solo se puede realizar a unas temperaturas tan altas que amenazan cualquier infraestructura. Y que no se sabe extraer más energía de la que hay que utilizar para hacer funcionar el reactor.

Recientemente, el National Ignition Facility de Livemore, en California, ha realizado una prueba esperanzadora. Ha utilizado un lanzamiento láser que ha producido una cantidad de energía superior a la que consume el proceso; un fenómeno que solo ha durado un suspiro (100 billonésimas de segundo), pero que supone un gran avance hacia la forma de energía que utilizan las estrellas.

El dominio de la fusión nuclear es uno de esos anhelos que me acompañan desde la adolescencia. Me gustaría verlo, la verdad, y creo que así será. Me hace gracia pensar en qué argumentos utilizarán los ecologistas, verdes por fuera y rojos por dentro, contra una energía sostenible, limpia como ninguna otra, segura como el cierre de un grifo, y que contribuirá a reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

No me cabe duda de que algún argumento encontrarán en su contra. Porque a lo que se oponen no es a la capacidad del hombre de influir en la naturaleza, sino en su poder de crear riqueza en un sistema capitalista.

La energía nuclear, la actual y la futura, libera a la humanidad del yugo de tener que controlar el subsuelo. Es abundante y barata, no escasa y cara como las energías renovables. Y más limpia que estas.

Lo que hace tan antipática la energía nuclear a los zelotes que aborrecen las sociedades libres es que lo único que necesitamos para dominarla es conocimiento y capital. Y el capitalismo es capaz de crearlas en abundancia.

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