Paula Corroto

La enfermera y el maquinista

El fallo humano existe y va a estar ahí siempre. Sin embargo, no por ello hay que dejar de tomar todas las precauciones posibles. Y en todos esos protocolos siempre hay unos responsables.

Opinión

La enfermera y el maquinista

El fallo humano existe y va a estar ahí siempre. Sin embargo, no por ello hay que dejar de tomar todas las precauciones posibles. Y en todos esos protocolos siempre hay unos responsables.

Ayer coincidieron dos noticias sospechosas. Una de ellas referida a esta tormenta del ébola que vivimos desde el lunes que señalaba que la enfermera contagiada por el virus pudo infectarse al tocarse la cara con uno de los guantes. La otra informaba sobre el levantamiento de la imputación a doce exdirectivos de Adif por el accidente del Alvia el año pasado quedando como único imputado el maquinista. Pues ya está: ya tenemos a los dos culpables. Y el resto, a lavarse las manos.

El fallo humano existe y va a estar ahí siempre. Sin embargo, no por ello hay que dejar de tomar todas las precauciones posibles. Y en todos esos protocolos siempre hay unos responsables. Las cabezas pensantes a las que su valía se les reconoce en el cargo y en el sueldo (no voy a entrar ya en las famosas tarjetas black). Pero, como vemos, parece que toda esa infraestructura se cae cuando de encontrar a un chivo expiatorio se trata. Que haya un solo culpable y a poder ser el más débil y el que menos posibilidad de defenderse tiene. Para los otros ya habrá abogados de sobra e incluso la maquinaria judicial entera si hace falta.

En el caso del Alvia han salido numerosas informaciones sobre todas las cuestiones técnicas que fallaron a la hora de detener al tren en esa fatídica curva. Bien, es cierto que el maquinista hablaba por teléfono en el momento más inoportuno pero eso podía suceder. Antes o después. ¿Qué ahí hay una responsabilidad? Sí ¿Una culpabilidad del accidente? No estoy tan segura. Ahí había una empresa y unos cargos que deberían haber velado por que si ese fallo se producía no se desencadenara esa tragedia.

La enfermera infectada también fue ella solita la que se tocó la cara con los guantes. Pero: ¿cómo fueron los cursos que recibieron las enfermeras para evitar contagiarse con este virus letal? ¿Qué protocolos se siguieron? ¿Por qué todo parece ser un cúmulo de errores? Y detrás de todo ello también hay unos responsables políticos que tienen toda la pinta de volver a irse de rositas porque aún nadie ha dado explicaciones. Que ella cargue con el muerto. De momento, ya hay un perro sacrificado por el camino sin saber si se ha ido al hoyo con el ébola o no. España, duele, pero es así: a mí dame unas tarjetas y un puestecito que ya habrá un par de pringados que lo paguen todo.

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