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La entrevista como antídoto contra el insomnio

Foto: Gianangelo Pistoia | AP

La entrevista es, sin lugar a dudas, mi género periodístico favorito. Y lo es en cualquiera de sus soportes: prensa escrita, televisión o radio. Creo que no es sencillo hacer una buena entrevista, arrancarle palabras nuevas a quien ha sido interpelado tantas veces. El clima se revela como algo sustancial.

Algunas de las entrevistas que más he disfrutado las he leído de la pluma de la gran Oriana Fallaci que instalaba una atmósfera de abismo en cada una de sus entrevistas: “No es raro, cuando me encuentro ante un acontecimiento o un encuentro importante, que sienta como una angustia, el miedo de no tener bastantes ojos, bastante oídos y bastante cerebro para ver y oír y comprender, como una carcoma infiltrada en la madera de la historia”. Oriana entrevistó a hombres como Cary Grant, Dalai Lama o Gadafi. La entrevista con éste último –que la llamó “ignorante”– es un buen ejemplo de por qué cualquier periodista debería tener en la mesilla de noche las piezas de la italiana:

–Entonces, ¿por qué donde quiera que ponga los ojos, sólo veo su retrato?

– ¿A mí que me cuenta? Es lo que quiere el pueblo. ¿Qué puedo hacer?

– Prohíbe tantas cosas…

– Yo, ¿qué puedo hacer?

– Nada. Es que desde pequeña veía lo mismo en Mussolini.

En la televisión es imposible olvidar aquellos masajes literarios tan bien pergeñados por Joaquín Soler Serrano en su programa A fondo, gracias al cual tuvimos registro audiovisual de mastodontes como Rafael Alberti, Milan Kundera, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo o Salvador Dalí, entre muchos otros. Conocer las voces de los genios es casi más importante que registrar sus rasgos faciales.

En la radio, probablemente el medio que más amo, se han forjado entrevistadores como José Luis Pécker en su Cabalgata del fin de semana o El Loco de la Colina que consiguió colocar el silencio como ingrediente básico de su dieta periodística. Siguiendo sus pasos pero con un inconfundible estilo personal, Mara Torres ilumina cada noche la Cadena SER con El Faro, un programa de radio que sitúa la entrevista como planeta en torno al cual gira el resto del contenido.

La otra noche, sacudida por un feroz insomnio que despierta pensamientos que son bestias peligrosas, escuché la entrevista que Mara le realizó a Álvaro Pombo, uno de los escritores más lúcidos y divertidos de nuestro panorama. Dijo algo que, en mi cabeza, resonó como una epifanía: “Más que en la muerte pienso en el deterioro. Ese es el gran tema. La muerte no es el de todo un tema. Es un acontecimiento. Es unívoca. Llega y llega. Llegó. Bueno, ¿qué hay después? Posiblemente nada”.

La frase actúo como una manta caliente que me cubrió hasta el sueño.

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