Daniel Capó

La extraña derrota

Los fracasos políticos suelen ser consecuencia de errores de la inteligencia. Esta es la tesis que defiende el historiador Marc Bloch en uno de sus libros más lúcidos –La extraña derrota- y resulta inevitable que en estos momentos de gran inquietud civil volvamos nuestra mirada hacia él. La extraña derrota es la que ha sufrido un mundo que sabemos relativamente próspero y razonable, y que desde 1978 en adelante ha traído a nuestro país libertades y derechos, costumbres y valores europeos, estabilidad democrática y despliegue autonómico. No es un mundo perfecto, desde luego, pero sí aceptablemente mejor que cualquier otro régimen político que haya conocido España en estos últimos dos siglos. Ese mundo –que es el nuestro- se encuentra gravemente amenazado.

Opinión

La extraña derrota
Foto: SUSANA VERA| Reuters
Daniel Capó

Daniel Capó

De la biografía me interesan los espacios habitables. Creo en las virtudes imperfectas y en la civilizada inteligencia de la moderación

Los fracasos políticos suelen ser consecuencia de errores de la inteligencia. Esta es la tesis que defiende el historiador Marc Bloch en uno de sus libros más lúcidos –La extraña derrota- y resulta inevitable que en estos momentos de gran inquietud civil volvamos nuestra mirada hacia él. La extraña derrota es la que ha sufrido un mundo que sabemos relativamente próspero y razonable, y que desde 1978 en adelante ha traído a nuestro país libertades y derechos, costumbres y valores europeos, estabilidad democrática y despliegue autonómico. No es un mundo perfecto, desde luego, pero sí aceptablemente mejor que cualquier otro régimen político que haya conocido España en estos últimos dos siglos. Ese mundo –que es el nuestro- se encuentra gravemente amenazado.

Estamos viviendo la extraña derrota de un país que no sabe –y no sé si quiere- afrontar la realidad cara a cara. La improvisación y el escapismo son malos consejeros del reino cuando sencillamente se ha renunciado a la inteligencia política en nombre de una gestión plana y burocrática de los conflictos sociales. En realidad, la extraña derrota sería cualquier cosa menos extraña, sino el resultado de unos dirigentes y unas elites que no se han comportado como tales. Quisimos racionalizar la actuación del gobierno en lugar de reconocer que lo que veíamos en la superficie siempre fue lo real. Después de las dramáticas escenas de ayer nada volverá a ser igual. Y suceda lo que suceda a partir de hoy, un trauma recorre ya la columna moral de este país.

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