Julia Escobar

La familia y otros animales

«'Investigaciones sobre los animales', de Aristóteles, es un compendio de sabiduría antigua sobre las cosas naturales y los animales»

Opinión

La familia y otros animales
Foto: Florin Beudean| Unsplash

Ayer me topé con una entrevista de Vidal Arranz a mi admirado Enrique García-Máiquez en la que me llamó especialmente la atención la siguiente frase: «No ha vuelto (aún) la filosofía aristotélico-tomista, pero ya se nota un ansia generalizada de sentido común, esto es, de una inteligencia buena, práctica y comunitaria». A continuación, y con esa arbitrariedad del medio (Twitter), se sucedían una serie de opiniones procedentes de algunos de esos grupos de descontrolados y descontroladas que nos desgobiernan. La mayor parte se referían al animalismo y otras desviaciones producidas por el hartazgo y ciertas comezones de género. Todas ellas me hicieron temer por la viabilidad de tan reconfortante aserto.

Y como EGM, su autor, mencionaba a Aristóteles, se me ocurrió recurrir a las anotaciones que hice hace siglos, cuando estudiaba a Aristóteles, concretamente su libro Investigación sobre los animales. Todo él es un compendio de sabiduría antigua sobre las cosas naturales y los animales, incluido el ser humano. Se pueden reconocer supersticiones arraigadísimas en la mentalidad popular (y no tan popular), todas ellas de incalculable valor simbólico, todavía vigente, como las que hace sobre la menstruación (ahora tan de moda), los monstruos llamados «molas» (producto de embarazos no viables en las mujeres, de los que yo aún oí hablar con temor en mi infancia y cosas parecidas que vuelven por sus fueros.

Como voy a tener que recurrir a las citas, utilizo la traducción de Julio Pallí Bonet (Gredos, 1992) y queda así citada la fuente. Al principio me refería a los animales de todas las especies y no voy a decepcionarles. Ya que he mencionado la menstruación, voy a centrarme en la visión aristotélica de los géneros y las diferencias sexuales entre especies, así como detalles interesantes sobre la reproducción de las mismas.

Voy a empezar por ciertas generalidades que van a gustar mucho a nuestras arriscadas amazonas de última hora:

«En todos los géneros en los que hay hembra y macho, la naturaleza ha establecido de una manera casi uniforme una diferencia entre el carácter de las hembras y el de los machos. Esta diferencia es particularmente manifiesta en la especie humana, en los animales de gran tamaño y en los cuadrúpedos vivíparos. En efecto, el carácter de las hembras es más dulce, se amansan más rápidamente, aceptan de mejor grado las caricias y son más fáciles de adiestrar… las hembras son siempre más tímidas que los machos, salvo en el caso de los osos y los leopardos. En estos últimos la hembra parece ser más valiente. En los demás géneros, las hembras son más dulces, más astutas, menos abiertas, más impulsivas y más preocupadas por la crianza de sus pequeños mientras que los machos son más feroces, más abiertos y menos sagaces. (…) La mujer es más compasiva que el hombre, más llorona, y también más celosa y más quejumbrosa, más criticona y más hiriente. Más apocada y desesperanzada que el hombre, más descarada y más mentirosa, más tramposa y más memoriosa y también más vigilante y más tímida y en general más indecisa que el macho y de menos comida. En cambio, el macho está más dispuesto a socorrer y como hemos dicho es más valiente que la hembra».

Para pasar después a la menstruación y el acoplamiento de los cuadrúpedos;

«… Las reglas aparecen en la mayoría de las mujeres cuando el abultamiento de los pechos ha aumentado en dos dedos de ancho».

«…las perdices, si las hembras se encuentran a sotavento de los machos, se quedan preñadas».

«…En la especie humana el deseo sexual es más fuerte en invierno en el hombre y en verano en la mujer».

«… De las hembras, las más ardientes en desear la unión son las yeguas y luego las vacas. Así pues, las yeguas se vuelven locas por los caballos y de ahí procede que a guisa de insulto se aplica el nombre de este animal a la mujer que se abandona sin medida a los placeres sexuales. También se dice que las yeguas quedan preñadas por el viento en el momento del celo».

«…Las ovejas quedan preñadas después de tres o cuatro apareamientos, pero si llueve después de la cubrición, abortan. Lo mismo ocurre con las cabras». Esas ovejas, cuyo carácter, según Aristóteles es simple y estúpido…

Sobre las relaciones entre madre e hijo dice Aristóteles cosas muy interesantes como que «los camellos no montan a sus madres e incluso si se les obliga, rehúsan a ello. En efecto, sucedió en una ocasión que, no teniendo semental, un cuidador tapó a la camella madre con una manta y la presentó a su vástago. Durante la copulación la manta cayó, con todo el joven macho consumó el acoplamiento, pero poco tiempo después mordió al camellero y lo mató».

También cuenta que un rey de Escitia quiso cruzar un potro con su madre y como aquél rehusara, mandó taparla. El potro no la reconoció y la cubrió. Pero después de haber copulado, se le destapó la cara a la yegua, el potro la reconoció, huyó y se arrojó por un precipicio. Podría extenderme mucho más, pero a lo escrito me remito, esto es, a Aristóteles y el libro citado.

Y como esto va de clásicos, terminaré con una cita de Séneca que dice: «Se entiende que los hombres tengan pocos amigos ya que los animales tienen tantos», lo que indica que no hacemos sino repetir situaciones ya conocidas en épocas muy pretéritas, creyendo que las hemos inventando en la nuestra.

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