Teresa Viejo

La felicidad del cero

Más que de asépticos números, la felicidad depende de emociones a las cuales empleamos una vida en domar. Ahora, quienes han rebasado en esto sus expectativas son las empresas de telefonía móvil. Otro cero más a su cuenta de beneficios.

Opinión

La felicidad del cero
Teresa Viejo

Teresa Viejo

Periodista. Escritora. "Mientras llueva" mi última novela. Directora de "La Observadora" RNE. Embajadora de UNICEF.

Más que de asépticos números, la felicidad depende de emociones a las cuales empleamos una vida en domar. Ahora, quienes han rebasado en esto sus expectativas son las empresas de telefonía móvil. Otro cero más a su cuenta de beneficios.

¿A mayor serie numérica, mayor número de sonrisas? Leído así suena bien, pero tomarlo al pie de la letra supondría una gran torpeza. Lo que sí sabemos es que el University College de Londres ha transformado sus investigaciones sobre la felicidad en una fórmula matemática que, a su vez, ha popularizado en forma de App para teléfonos inteligentes, permitiendo a los científicos un universo de pruebas amplísimo: 18.000 humanos convertidos en cobayas de un plumazo. Pero de ahí a pensar que inoculándose en el cerebro las cifras idóneas uno va a sentirse más feliz que una perdiz, media un abismo.

El estudio llamado The Great Brain Experiment (“El gran experimento del cerebro”) explica que todo individuo incrementa su felicidad en la medida en que toma decisiones que, no solo cumplen sus expectativas, sino que las rebasan. Acabáramos.

Imaginemos que andamos instalados en una vida miserable, carecemos de empleo remunerado, nuestra pareja nos deja por el vecino, nos cae un tiesto en la cabeza un día sí y otro no, no hay fórmula científica que retrate nuestro grado de satisfacción mas que el cero. Menudo karma tendríamos encima. En un escenario vital semejante toda expectativa superaría de lejos a la realidad. Ahora, ¿quién se resiste a tenerlas?

Cada acción que suscribimos implica activar posibilidades que al final quedan, generalmente, por debajo de nuestras ambiciones. Podemos engañarnos, cierto, e idear que si las limitamos al mínimo no caeremos en la frustración, pero los complejos y tiránicos mecanismos de nuestro subconsciente nos traicionan. ¿Quiere decir que de no lograr las perspectivas seremos infelices? Evidentemente no.

Más que de asépticos números, la felicidad depende de emociones a las cuales empleamos una vida en domar. Ahora, quienes han rebasado en esto sus expectativas son las empresas de telefonía móvil. Otro cero más a su cuenta de beneficios.

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