Ignacio Vidal-Folch

La fisura incurable

¿Pero cómo pudo ser? ¿Cómo pudieron cambiarles así? Sobre la alienación que permitió al imán diabólico lavar el cerebro a unos chicos de Ripoll a quienes todos, o casi todos los que les conocían, consideraban encantadores, honestos, simpáticos, generosos, sociables y plenamente integrados en la comunidad, y que de repente resultaron ser unos asesinos de masas, lo más veraz, sencillo y sensato que se ha escrito en estos días –o por lo menos, que yo haya leído—es lo que le dijo un tal Raschid, primo de uno de los terroristas y vecino de Ripoll, a Nacho Carretero, de El País...

Opinión

La fisura incurable
Ignacio Vidal-Folch

Ignacio Vidal-Folch

Nacido en Barcelona en 1956, escribe artículos para la prensa y ficciones. Su último libro publicado es la novela 'Pronto seremos felices'.

¿Pero cómo pudo ser? ¿Cómo pudieron cambiarles así? Sobre la alienación que permitió al imán diabólico lavar el cerebro a unos chicos de Ripoll a quienes todos, o casi todos los que les conocían, consideraban encantadores, honestos, simpáticos, generosos, sociables y plenamente integrados en la comunidad, y que de repente resultaron ser unos asesinos de masas, lo más veraz, sencillo y sensato que se ha escrito en estos días –o por lo menos, que yo haya leído—es lo que le dijo un tal Raschid, primo de uno de los terroristas y vecino de Ripoll, a Nacho Carretero, de El País:

“Sí, nos criamos aquí y no tenemos problemas de convivencia, pero somos y siempre seremos los moros. En el colegio éramos los moros y las chicas no querían salir con nosotros. Y los mayores creen que vendemos hachís.”

Claro que no por eso cualquiera coge un coche y mata a quien se le ponga por delante. Pero ése es el trauma esencial, la fisura en el orgullo personal por donde se puede colar el discurso destructivo del imán, y no hay programa integrador, por bienintencionado y encomiable que sea, que cierre esa fisura, ese verdadero “hecho diferencial”. Ni los vecinos más cordiales, como hay que suponer que son los de Ripoll, pueden hacerlo. Y así sucede en todo el mundo: incluso en el “melting pot” de Nueva York las comunidades raciales y hasta nacionales siguen instaladas cada una en su propio barrio, y hasta el anterior presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, tuvo que sufrir que quien le sucedería en el cargo, Donald Trump, le acusase de no ser realmente americano de nacimiento.

Es una lástima grande tener que resignarse a una realidad cuya peligrosidad potencial el recurso de la razón, de la política y de la educación puede paliar, pero no suprimir. Puede ser que reconocerlo no ayude a resolver el problema, pero puede por lo menos ayudar a entenderlo.

Más de este autor

Igor el Ruso, en los campos de Teruel

«Vemos la cara banal del asesino, y en ese rostro de hechuras duras de un ser que dispara por la espalda a dos guardias civiles, y cuando éstos caen, se acerca a rematarlos, vemos un mal desinteresado y frío que parece negarse a cualquier idea. Esto, ¿no coloca a Igor no ya al margen de la sociedad sino de la humanidad?»

Opinión

Cifuentes y el principio de repetición

«Si el fiscal tiene indicios sólidos de que ha habido, en la exculpación de la que fue presidenta de la Comunidad de Madrid, algún tipo de prevaricación, entonces pienso que debería presentar denuncia contra el tribunal y el jurado. Pero a la señora Cifuentes quizá ya es hora de dejarla en paz»

Opinión

Más en El Subjetivo

Paula Fernández de Bobadilla

Bienteveo

«Nada es eterno pero hay cosas que lo parecen, por eso cuando vemos el sol luminosísimo sobre el mar azul y brillante nos parece imposible que la tormenta que se vislumbra en el horizonte nos vaya a alcanzar jamás»

Opinión

Juan Marqués

No es nada extraordinario

«Desconfío de la ‘originalidad’ en poesía: estaría toda la vida leyendo las ‘variantes’ con las que Eloy Sánchez Rosillo aborda los cuatro o cinco temas esenciales»

Opinión

Rafa Rubio

Falsos dilemas

«Cuando la eficacia electoral se impone a la gestión de lo público y el mundo se divide en dos, sin alternativa posible, elegir es tomar partido y, en cierto modo, renunciar»

Zibaldone