Victoria Carvajal

La grandilocuencia frente a la humildad

«Jaime Carvajal, comprometido con la España de la concordia y la modernización de su país y sus instituciones, trabajó siempre desde la humildad. Luchó por dejar un país mejor a las siguientes generaciones. Desde la tolerancia, la generosidad y el respeto»

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La grandilocuencia frente a la humildad
Foto: Carola Melguizo| The Objective
Victoria Carvajal

Victoria Carvajal

Economista empeñada en hacer comprensible y hasta entretenida la información económica. Madre feliz y actriz en sus ratos libres.

¿Hay algo más allá de la grandilocuencia? ¿No hay nada a lo que agarrarse? En la respuesta del Gobierno de Pedro Sánchez a la triple crisis que vive el país, sanitaria, económica y social, abundan las palabras pronunciadas en un tono solemne y afectado pero huecas de contenido. De nada parece haber servido que España haya vivido el confinamiento más severo de Europa ni que acumule las peores cifras económicas y las más pesimistas previsiones de crecimiento y empleo de todas las economías desarrolladas. Tampoco parece importar que la necesidad de alcanzar un gran acuerdo nacional es más imperiosa que nunca para ganar credibilidad ante Europa a escasos meses de recibir el mayor paquete de ayuda jamás pactado en la historia de la Unión. 140.000 millones de euros vitales para salir de este agujero y transformar nuestra economía.

Pedro Sánchez apela a la unidad, habla de que juntos saldremos más fuertes, pero juega a enemistar a todas las fuerzas políticas con las que podría pactar y traiciona una y otra vez a quienes le tienden la mano, como vimos ayer en el Congreso cuando le tiró los tejos de nuevo a ERC y denigró a Ciudadanos recordándole la foto de Colón. Mientras, Unidas Podemos, aferrado a sus sillones en el Gobierno, traga con todo haciendo el paripé de que no lo hace, en un permanente acto de deslealtad institucional, consentida pos su socio socialista y sin mayores consecuencias políticas. Fruto probablemente de la novedad de tener el primer Gobierno de coalición de la democracia.

Se ha volatilizado la España de la concordia y, con ella, cualquier posibilidad real de pacto con respecto a los presupuestos generales, los más importantes de los 40 años de la democracia. Es preferible, parece, ahondar en la división y la polarización. El Gobierno PSOE-UP, los de las CCAA y la errática oposición liderada por el PP, han optado por echarse la culpa el uno al otro y eludir sus responsabilidades, dejando patente de paso que el modelo territorial y su reflejo en el Parlamento ha fallado estrepitosamente a la hora de dar una respuesta solidaria a la descomunal crisis en la que estamos inmersos. Es el sálvese quien pueda.

Y frente a esa España cainita que se agita irresponsablemente desde algunos partidos, no puedo si no reivindicar aquí, con permiso de mis editores, la figura de mi hermano Jaime Carvajal Hoyos, fallecido la semana pasada de forma repentina. Ha sido un golpe devastador para la familia y los que le querían y admiraban que, para nuestro orgullo hemos conocido estos días, eran tantos. Porque frente a la inútil grandilocuencia, Jaime, comprometido con la España de la concordia y la modernización de su país y sus instituciones, trabajó siempre desde la humildad. Sensible al enfrentamiento entre catalanes y entre la Cataluña independentista y el resto de España, luchó por el entendimiento, la modernización de nuestra economía y, sobre todo, por dejar un país mejor a las siguientes generaciones. Desde la tolerancia, la generosidad y el respeto. Con una cabeza privilegiada y un corazón bueno. Una excepción fenomenal en los tiempos que corren y una gran pérdida para este país.

Por eso quizás ese despliegue de grandilocuencia, el cruce de acusaciones y las bravatas de algunos políticos en el Congreso me resultan hoy más insoportables que nunca.

Como la desfachatez la de Gabriel Rufián, quien tras reunirse en Moncloa con Pedro Sánchez esta semana para hablar de su posible apoyo a los presupuestos, osa decir que las políticas sociales necesarias para capear la crisis dependen de ERC y de excluir a Ciudadanos del pacto. Eso cuando ERC lleva ocho años gobernando en coalición con CiU y sus formaciones herederas, surgidas para eludir el estigma de la corrupción, y apoyando a un Ejecutivo que ha hecho los mayores recortes sociales de toda España y aplastado los derechos de quienes no comulgaban con las tesis independentistas. Véase el golpe al Parlamento catalán del 6 y 7 de septiembre que instigaron hace tres años, en un claro atentado contra la convivencia al ignorar los derechos de una minoría parlamentaria que representaba a la mayoría de ciudadanos catalanes. ¿Qué tiene eso que ver el progresismo, las libertades individuales o la igualdad, que con tanta superioridad moral se arroga el representante de Esquerra?

Como tampoco es progresista minusvalorar la necesidad de que los presupuestos generales han de incluir un plan de ajuste para corregir el agujero fiscal que va a provocar la crisis por el inevitable aumento del gasto social (ERTEs, Ingreso Mínimo Vital, prestaciones de desempleo..). Todas ellas medidas necesarias para sostener las rentas y evitar el hundimiento de la economía y garantizar la esencial cohesión social. Porque la solidaridad no es patrimonio de unos pocos partidos a la izquierda. Es de todos los contribuyentes, que pagan sus impuestos y asumen el pago futuro de la deuda en la que incurre el Reino de España para sostener la economía. Es de aquellos que entienden que no hay otra alternativa más que gastar para salir hoy de esta colosal crisis. Pero se necesita, como dijo en su momento el gobernador del Banco de España, un gran pacto nacional que garantice la corrección de estos desequilibrios en el medio y largo plazo y que dé credibilidad a nuestras cuentas públicas a largo plazo. Porque lo más insolidario de todo es trasladar el pago de la deuda, que ya se acerca al 110% del PIB, a generaciones futuras.

De nuevo, frente a la grandilocuencia, lo que se necesita es humildad. Para llegar a un gran acuerdo nacional, para tender puentes, para anteponer el bienestar de los ciudadanos a los intereses partidistas. Nada de eso está por desgracia presente hoy en el juego político nacional. Y mientras la pandemia de nuevo señala a España como el país que peor está gestionando los rebrotes y los alumnos y profesores vuelven a las aulas sin un plan claro que les proteja, la actividad económica se asoma de nuevo al abismo, con un sector turístico muerto, y con el acuerdo sobre plan económico más importante de cualquier país, los presupuestos generales, plagado de minas. Europa, que ha dado un paso de gigante acordando el mayor paquete de ayudas a fondo perdido de su historia y aceptando la emisión de deuda común, debe de mirarnos atónita.

Cuánto se te echa de menos, hermano. Cuánto más feo resulta todo el panorama político de nuestra querida España sin la luz de tus análisis, la fuerza de tu compromiso y tu generosa mirada. DEP.

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