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La hipocresía de Marta Flich

"Lo que se trata es de subrayar el doble rasero de una persona pública que hace bandera de la lucha progresista y antifranquista y ha disfrutado indirectamente de la herencia del dictador"

Foto: Cuatro

Somos seres sociales y, por esta razón, nadie quiere que nos asocien con personas mentirosas o con mala fama. Esto es así incluso cuando, por una vez, el argumento es cierto: acaba importando más quién lo dice que lo que dice.

Hay factores biológicos muy profundos para que esto sea así. Desde la necesidad de prescindir de la razón y fiarse del instinto propio o de la tribu –que procuraba por el bien común– ante una situación de peligro en el que no había tiempo para pararse a pensar, hasta el miedo ancestral a quedarse solo o condenado al ostracismo por ir a la contra, ya que significaba la muerte segura en un mundo que todavía era medio natural y, por lo tanto, salvaje.

Todas estas dinámicas biológicas operan inconscientemente sobre nuestro comportamiento. Millones de años de evolución y de lucha por la supervivencia condicionan más que la actual civilización. Y eso explica por qué en esa ágora pública 2.0 que son las redes sociales la excepción haya sido celebrar la hipocresía de Marta Flich que ha destapado el digital de Eduardo Inda. Como de costumbre, se ha usado el comodín del machismo para invalidar cualquier crítica razonada. Pero no. A mí y a nadie nos debe interesar con quién se va a la cama Marta Flich. Lo que se trata es de subrayar el doble rasero de una persona pública que hace bandera de la lucha progresista y antifranquista y ha disfrutado indirectamente de la herencia del dictador.

Sorprende también que desde ese feminismo que considera que “todo lo personal es político” ahora no vea la contradicción de Flich. Evidentemente todo el mundo tiene derecho a cambiar de opinión con los años. Pero hasta hace poco, en un vídeo de uno de sus espectáculos con Rufián, negaba la condición de feminista a Dolors Montserrat (PP), Begoña Villacís (Cs) o a Andrea Levy (PP). Una negación ad hominem. En su patético sketch, todo lo personal era político.

No hay que olvidar que Inda lo ha publicado por su particular e interesada guerra mediática contra Risto Mejide. Pero, como Leticia Dolera con el embarazo de Aina Clotet, ha servido para desenmascarar a otra oportunista que se arrima al sol que más calienta. Sea el de Franco o el de las mujeres.

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