Marta Parreño Gala

La honestidad de premiar el arte

Me siento a ver la gala de los Goya ilusionada, como cada año, dispuesta a ver en directo la fiesta del cine español. Y me levanto a las tres horas, como cada año, decepcionada.

Opinión

La honestidad de premiar el arte
Marta Parreño Gala

Marta Parreño Gala

Periodista y cineasta. Escribo, filmo y creo. He rodado 7 cortometrajes y trabajado en El Periódico de Catalunya, Ling Magazine, COM Radio y La Vanguardia. Ahora en Adams Editorial.

Me siento a ver la gala de los Goya ilusionada, como cada año, dispuesta a ver en directo la fiesta del cine español. Y me levanto a las tres horas, como cada año, decepcionada.

Me siento a ver la gala de los Goya ilusionada, como cada año, dispuesta a ver en directo la fiesta del cine español. Y me levanto a las tres horas, como cada año, decepcionada por la constatación de algo que se intuye desde siempre: el modo en el que se ejerce el voto en estos premios, desde la decisión de los nominados hasta la concesión de la estatuilla, no hace ningún bien al cine como expresión artística.

Dejando de lado el pésimo trato que se dio al género del cortometraje presentándolo como si fuera cine de segunda, mi queja viene a ser mucho más profunda: a veces me da por pensar que en ocasiones no se está premiando a las obras sino a las personas que tienen detrás (llamadme malpensada). Y lo peor de todo es que esta constatación, conocida por muchos y callada por casi todos, se ha convertido en algo corriente. Es decir, es normal votar al amigo independientemente de cómo sea su obra. Flaco favor a nuestro cine.

Otorgar un premio es un acto de responsabilidad enorme hacia toda la sociedad pero sobre todo y por encima de todo, hacia esta expresión artística que para muchos es una forma de vida. Quiero creer y creo que los académicos aman el cine tanto o más que yo. Entonces ¿por qué algunos lo dejan en segundo o tercer plano a la hora de ejercer el voto?

Lanzo esta pregunta al aire desde la responsabilidad y con un profundo sentimiento de pertenencia a esta gran familia que genera un bien tan excepcional y necesario: las películas. Todos estamos en el mismo barco, incluso los cortometrajistas, compañeros. Y en el cine, como en la vida, una manera irresponsable de votar nos dará pan para hoy pero hambre para mañana. Queridos académicos: voten por amor al arte, no por amor al colega. A ver si lo conseguimos.

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