The objective

El Subjetivo

Opiniones libres de algoritmos

Opiniones libres de algoritmos

La impostura de Castells

Foto: Martin Alipaz | EFE

El prestigioso Manuel Castells ha decidido encabezar la lucha mundial contra el fascismo, olvidadizo (como diría Borges) de que lleva tiempo luchando por el fascismo. Bueno, no exactamente por el fascismo (su autoimagen no se lo permitiría), pero sí contra el Estado de derecho, que es contra lo que está el fascismo. El prestigioso Manuel Castells es uno de esos intelectuales que llevan años desprestigiando el Estado de derecho y, por lo tanto, allanándole el camino al fascismo.

Por eso, su «Carta abierta a los intelectuales del mundo» me parece una impostura. Naturalmente, estoy de acuerdo con todo lo que dice contra el candidato brasileño de ultraderecha Bolsonaro. ¿Pero qué credibilidad tiene Castells para decirlo? Hace tres años, por ejemplo, Pablo Iglesias dijo que no había democracia en Europa. Y Castells lo suscribió «enteramente» (m. 56:48 del vídeo completo). ¿Qué democracia pone entonces en peligro Bolsonaro? ¿Esa misma que negó Castells?

También se ha venido ejercitando en su lucha contra el Estado de derecho con su apoyo al independentismo catalán y sus falacias contra la democracia española. En El golpe posmoderno Daniel Gascón le llama memorablemente «‘cheerleader de la secesión». Repasar algunos de sus artículos de La Vanguardia produce una conmoción melancólica que deriva en pesimismo antropológico (baste uno de los últimos: «Después de la Diada«). Desde su supuesta izquierda, Castells recurre –en palabras de Gascón– «a los argumentos supremacistas de los nacionalismos de ricos». Fernando Palmero lo caló igualmente en una columna del año pasado: «Profesores corruptos«. Si Castells –según Wikipedia– es el quinto académico de Ciencias Sociales más citado del mundo, ¿cómo será el sexto?

No deja de parecerme alucinante el poco respeto al Estado de derecho de tantos intelectuales a los que les va la marcha ideológica. Esta postura, que en los siglos XIX y XX aún podía excusarse porque no se conocían en su plenitud los desastres a los que esa postura llevaba, es hoy una frivolidad. O, si nos ponemos serios: una bellaquería. Hoy no hay duda de que los que contribuyeron a socavar la democracia de Weimar tienen su responsabilidad en la llegada de Hitler. Si se desprecian las «formas» democráticas (¡la «democracia formal»!) puede que el «contenido» no lo pongan los nuestros, sino los otros: y entonces no tendremos defensa.

Hacia el final de la carta se refiere Castells, en un plural de aire mayestático, a los que «a lo largo de nuestra vida hemos adquirido con nuestra lucha e integridad una cierta autoridad moral». El resto de esta carta tan campanuda tiene la misma veracidad.

Más de este autor

Cs se mmmuere

“Mejor la destrucción, el fuego”, como terminaba Cernuda un poema. Sigue latiendo ese impulso. La tentación del cortocircuito. Hay un alivio de fondo ...

Más en El Subjetivo