Joaquín Jesús Sánchez

Entre la incertidumbre y la desidia

«Malo es vivir una pandemia, peor es saber que se está en manos de tarados»

Opinión

Entre la incertidumbre y la desidia
Foto: Emilio Naranjo| EFE
Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez (Sevilla, 1990) estudió Filosofía y escribe crítica de arte, crónicas malhumoradas y artículos de variedades. Puede seguir sus trepidantes aventuras en www.unmaletinmarron.com

La semana pasada me la pasé enfadado. Confieso que después de ver a Ayuso confinando a los distritos pobres y a Aguado inaugurando un dispensador de hidrogel estuve mirando si en Amazon tenían guillotinas, por si el libre mercado vendía también los cacharros para hacer la revolución. Luego vinieron las cargas policiales en Vallecas y el bailoteo bochornoso entre el Gobierno central y el autonómico por ver quién no tiene la culpa de las cosas.

Siempre me pilla el caos y la incertidumbre con viajes que hacer. Tuve que ir a Barcelona y a Compostela para ver exposiciones. Ninguna gana, lo reconozco, pero el sector se está quedando en los huesos y qué menos que arrimar el hombro. A parte de estas columnas, que con tanto desparpajo despacho cada quince días, servidor de ustedes es, la mayor parte del tiempo, un crítico de arte. Septiembre es un mes divertidísimo en este negocio: muchas exposiciones (normalmente, de mucho músculo), colegas a los que hace tiempo que no ves, viajes, canapés… Solo diré que, este año, en vez de botellines me han dado botecitos de hidrogel.

Vivo en una «zona básica de salud» confinada, así que solo hago desplazamientos por motivos médicos o laborales. Tuve que escribir a mis editores norteamericanos (publico en una revista que se edita desde Nueva York) para relatarles la situación. No fue fácil. Me ofrecieron un salvoconducto tras explicar que no estaba seguro de que un policía nacional entendiese (a la primera) que ir a ver una exposición es «trabajo».

Esta sensación de completa arbitrariedad no le está haciendo ningún bien a mi salud mental. Malo es vivir una pandemia, peor es saber que se está en manos de tarados. Como era de esperar, mi cólera tiranicida ha dejado paso, por pura supervivencia, a una completa indolencia. Me da igual ocho que ochenta, porque tengo por seguro que antes de que termine esto habré perdido mi salud, mis ahorros y, seguramente, mi trabajo. Sospecho que es la intención de estos psicópatas: apabullarnos hasta que no sepamos ni por dónde nos vienen las hostias.

Voy a ver si me espabilo, porque al enemigo, ni agua.

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