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La inmunidad de Irene

"El mundo de Irene es una promesa eterna, siempre está en construcción; sencillamente, no es de este mundo"

Foto: Borja Puig de la Bellacasa | La Moncloa

Irene Montero ha vuelto a dar positivo, dice ella. En realidad, si uno lee con atención sus manifestaciones al respecto de la crisis, presente y futura, producida por la pandemia del SARS-cov-2, tanto ella como sus correligionarios han desarrollado ya la inmunidad de grupo y están bien pertrechados para volver a las calles y soportar la segunda oleada que eventualmente pueda llegar en otoño.

Hablo, claro, de inmunidad política. Se trata de una forma de inmunización que tiene su defensa preventiva y su escudo. Analicémosla.

El anticuerpo que ya mismo ha sido generado es la irresponsabilidad. En un sentido bien preciso: puesto que siempre, en toda ocasión y circunstancia, la gestión de los asuntos públicos es sub-óptima (¿quién es capaz de decir ante cualquier desafío de política pública que no se pudo hacer mejor?) nada cabe reprochar a quien albergó buenas intenciones y ha hecho todo lo posible dado lo que en ese momento “se sabía” y “se podía hacer”. Concedido que la incertidumbre dominaba la acción política y muchas autoridades científicas relevantes – no todas, pese a lo que suelen apuntar los voceros del gobierno- no dieron la importancia que hoy – pero no ayer- sabemos que tuvo que darse: ¿por qué no se extremó la precaución impidiendo el contacto social mucho antes de lo decretado? Y cuidadín con sugerir que primaba la celebración del 8-M porque entonces estaremos aleteando cual facha en el cazamariposas “feminista”. Concedido que los servicios de medicina intensiva no se improvisan en dos semanas: ¿por qué en previsión del colapso en el sistema sanitario, de lo cual tuvimos la noticia de Italia muy pronto, no hubo una anticipación en la adquisición de equipos de protección y test, como sí la hubo en otros países? Aquí es donde aparece el “escudo”: la grandilocuencia, el tiro por elevación.

Ahora toca remar todos a una y en el futuro habrá que debatir. Pero ninguna de las anteriores inquisiciones se harán hueco en la agenda política de Irene Montero ni de su formación política, sencillamente porque ellos no están para esas menudencias. Antes bien, se impondrá discutir del “mundo que queremos construir a partir de ahora”, si queremos dar una “respuesta autoritaria” o una que “ensancha lo público”, “apuesta por lo común” y pone “la vida y los cuidados en el centro”. Les suena, ¿verdad? Es el raca-raca humeante previo a la pandemia, lo que importa, que no son los hechos y sus soluciones discutibles, ni siquiera las ideas de fondo, sino un relato que importa porque moviliza a “la gente”, que todo lo aguanta políticamente porque el mundo de Irene es una promesa eterna, siempre está en construcción; sencillamente, no es de este mundo. De vuelta a la casilla 0: (Ideological) business as usual.

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