THE OBJECTIVE
Teresa Viejo

La isla melancólica

Pisar La Habana es una regresión. E implica acercarse a una herida del tiempo descrita por una generación agónica y pesimista que vio con sus propios ojos el derrumbe de un país.

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La isla melancólica

Pisar La Habana es una regresión. E implica acercarse a una herida del tiempo descrita por una generación agónica y pesimista que vio con sus propios ojos el derrumbe de un país.

Histórico. Con un calificativo redondo y contundente, dotado del peso que tienen algunos gestos. Así ha calificado Hollande su visita a Cuba, rodeado de un séquito de empresarios con ganas de pillar tajada en un mercado con todo por hacer y cierto tufo de conquista, como un pavo real exhibiendo plumaje durante su cortejo. El presidente francés visita la isla y a mi me reconcome la envidia porque en la fotografía hubiera preferido ver a un español. Vaya por delante que lo mío tiene mucho de romanticismo. Soy consiente que el encaje de la diplomacia obedece a factores intangibles para una ciudadana de a pie, sin embargo no rompo el cordón umbilical de la arcana memoria hacia esa tierra. Una nostalgia alentada por un pasado común que se asimila a la que perciben esas familias rotas generaciones atrás cuyos miembros de las ramas escindidas querrían abrazarse, pero no les nace porque ya no son nada. No obstante permanece la añoranza. 

Pisar La Habana es una regresión. E implica acercarse a una herida del tiempo descrita por una generación agónica y pesimista que vio con sus propios ojos el derrumbe de un país. Se necesita perspectiva para valorar un desastre. Puede que solo dentro de cien años se entienda qué nos ha sucedido como para pasar de la opulencia a la precariedad en que andamos. El presente siempre es engañoso. 

En el terreno prosaico también siento lástima al pensar que no seamos el catalizador de un cambio que se masca en el ambiente. Si España no puede competir con la cercanía norteamericana, sí debe ser la llave de la puerta europea, y esta es una reflexión desprovista de ideología y sí de sentido práctico. Vale, añado algo de sentimentalismo a la receta, lo reconozco. Será que me ha poseído la melancolía del 98. 

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