Cristina Casabon

La lógica aritmética de nuestra política

«El pensador de fondo, el moderado con pensamiento crítico, es un animal político en peligro de extinción»

Opinión

La lógica aritmética de nuestra política
Foto: Fernando Villar| EFE
Cristina Casabon

Cristina Casabon

Madrid, 1988. Profesora en la Universidad Carlos III. Articulista. El mundo como sustrato potencial de la ficción.

La política hoy no solo no se ocupa de generar grandes consensos y equilibrios en torno a debates, sino que ejerce un tipo específico de tiranía: la tiranía de la elección. Kierkegaard habló en Either/Or sobre la trampa de la elección binaria. «Trascender la trampa de ‘esto o lo otro’», sugiere Kierkegaard, «es una inmensa expansión de posibilidades». Lo binario también puede interpretarse como el mundo fatídico de las luchas políticas y las elecciones forzosas que implican adquirir una identidad política. La pobreza del debate reduccionista y de los discursos prefabricados en torno a guerras ideológicas hacen que todo se analice en términos de amigo-enemigo.

Los discursos maximalistas de políticos que son incapaces de pensar en matices son arrojadas a la cabeza del electorado: “¡Con la izquierda progresista o con la ultraderecha reaccionaria!”. Esta lógica maximalista fabrica personajes planos, como en el cine de Hollywood. Unos acabarán diciendo aquello de que “con Franco vivíamos mejor” y otros acabarán como “barbudos socialistas” que prefieren las “judías frías, directamente de la lata” (McCloskey), defienden la renacionalización y admiran la Venezuela chavista.

Se advierte la falta de matices de los discursos maximalistas, por ejemplo, cuando se cataloga a toda la derecha del arco parlamentario como extrema derecha. Esta dinámica polarizadora rige el debate público español, que no puede trascender el mundo fatídico de las luchas políticas y las elecciones forzosas de tipo identitario-ideológico y nos incapacita para pensar sobre la política y sobre España en nuevos y más amplios términos, optar por otras vías que se ven impedidas por la propia retórica imperante de “esto o lo otro”.

El pensador de fondo, el moderado con pensamiento crítico, es un animal político en peligro de extinción. La democracia liberal comprende la importancia del escepticismo, de los matices en el debate público, de las críticas internas, mientras que la democracia antiliberal y populista abraza el cinismo, el nihilismo y los discursos maximalistas. Las dinámicas polarizadoras y la tiranía de la elección binaria nos invitan a la adhesión acrítica o a la más completa oposición, nos conducen a una mentalidad antiliberal y populista.

En medio del canto de sirenas irresistible del nacionalismo periférico y de la izquierda podemita, el votante de izquierdas moderado parece un químico que intenta experimentar la negociación de unos presupuestos con una mezcla explosiva de partidos sin salirse del guion que marca la comparsa binaria, “izquierda progresista o extrema derecha», un relato que obvia que la ideología más reaccionaria y extremista en nuestro país es el ultranacionalismo periférico.

Nos vemos abocados a las dinámicas de la aritmética de los votos; Sánchez ya ve asegurados 180 votos para sacar adelante los presupuestos, ¡y he aquí la lógica aritmética de nuestra política!, que permite afirmar que Bildu es más responsable que el PP porque gracias a Bildu salen los números. Matemáticas y relativismo en cuestión de principios, el relativismo permite, por ejemplo, que se apruebe un modelo de educación hegemónico nacionalista y se defienda al mismo tiempo la idea de la España plural (sin sonrojarse por los estándares de pluralidad que los ultranacionalistas manejan en sus comunidades autónomas).

Todo esto es posible porque la inercia del debate político actual permite sostener afirmaciones perentorias y presentar algo como determinante, decisivo o definitivo, que no se puede modificar. Siempre hay algún buen ciudadano caritativo y poco crítico, dispuesto a regirse por lógicas aritméticas y pactar con Podemos, porque “es esto, o lo otro” (o con los franquistas o con los comunistas amantes de las judías frías de lata). Y bajo este fatídico axioma, bajo la tiranía de la elección binaria y la lógica de la aritmética, las judías se digieren mejor.

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