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La magdalena de Errejón

Foto: Fernando Villar | EFE

Que la izquierda en la que creían Iñigo Errejón y Manuela Carmena era un ‘Starbucks’, uno lo empieza a comprender más tarde. Un postureo que sale caro pero queda muy bien en ‘Instagram’. Porque “tomar el cielo por asalto” con el estómago vacío es muy cansado, y las revoluciones, ya se sabe, le dejan a uno en los huesos. Y pasadas las ilusiones de llegar al gobierno central lo único a lo que se aspira es a quedarse con un sueldito y si se tiene que hacer magdalenas, se hacen. Porque madurar es conformarse con ser candidato a la Comunidad de Madrid o experta, como Bescansa, en el grupito de amigos de Tezanos para ver de qué nuevas formas se puede manipular el CIS.

Hablar de repostería en un mitin y decir que van “a llenar Madrid de magdalenas” como hicieron el otro día Carmena y Errejón parece insultar a la inteligencia del votante. Pero el votante de izquierdas, y el de derechas, parece que empiezan a cogerle el gusto. Porque que Errejón cambie ahora teorías y el “nucleo irradiador” por la repostería política parece de risa. Y es entonces cuando más miedo da la izquierda, cuando se pone cursi en vez de amenazar con nacionalizar la banca. Y lo siguiente, si la campaña electoral se poner ardua, será que Manuela Carmena pida que la llamen abuelita los madrileños como a Stalin quería la propaganda que le llamaran padrecito.

Las magdalena de Errejón, como la de Proust, quizás sean un querer volver a la infancia. Retroceder a cuando Podemos era un partido y no una bomba de relojería y la izquierda radical tenía posibilidades reales de gobernar.

Madrid capital de la cursilería y la OMS sin decir nada. A mí lo que verdaderamente me da miedo de la propuesta de Carmena y Errejón es que quieran “llenar Madrid de magdalenas” para acabar con el Madrid castizo. Con ese Madrid de los domingos, el periódico, los churros y vermú de grifo. Matar de diabetes a los chulapos para poner una franquicia de repostería donde antes estaba Picalagartos y dejen a mi amigo Nieto sin su rincón de escribir. Al final ni la izquierda más idealista, que suele ser la que más yerra en sus políticas, puede resistirse al embrujo del capitalismo. Pablo Iglesias cayó en la burguesía comprando un chalet con piscina y dos hijos en Galapagar. Y ahora Errejón y Carmena si tienen que vender magdalenas a los madrileños para conseguir el empleo, lo harán. Y una vez en el cargo pasaran a llamarlos muffins, que es como se dice ahora, porque así se venden más caros.

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