Jordi Bernal

La mala educación

Aunque gusta de cierta suavidad rayana en la untuosidad de formas, la alcaldesa de Barcelona nos tiene acostumbrados a espectáculos de mala educación que probablemente se deban a una necesidad perentoria de suplir con gestos de ostentación mediática una preocupante carencia de eficacia gestora.

Opinión

La mala educación
Foto: Manu Fernandez
Jordi Bernal

Jordi Bernal

Periodista a su pesar y merodeador de librerías y cines. Autor del libro de crónicas Viajando con ciutadans (Ed. Triacastela, 2015)

Aunque gusta de cierta suavidad rayana en la untuosidad de formas, la alcaldesa de Barcelona nos tiene acostumbrados a espectáculos de mala educación que probablemente se deban a una necesidad perentoria de suplir con gestos de ostentación mediática una preocupante carencia de eficacia gestora.

Añadida a su afán perejil (presente en todas las salsas) y a su encarnación prosopopéyIca de la izquierda bienqueda, las maneras desagradables de Ada Colau se han convertido en rúbrica de una inanidad impotente y antipática. Como una anfitriona inquisitiva e impaciente, y valiéndose de un cargo que parece entender menos por sus deberes que por sus privilegios, no desaprovecha ocasión de reñir o desairar a todo aquel que no se encuadre en sus férreos y un tanto peligrosos esquemas ideológicos. Para ello, además, cuenta con una guardia pretoriana igual de enfurruñada y fiscalizadora.

La última, es bien sabido, fue desatender los más básicos principios de la hospitalidad confundiendo el gesto político con la falta de consideración hacia un invitado que además y hasta nuevo aviso es el jefe del Estado. Colau justificó su desidia profesional y descortesía arguyendo que lo suyo no son los besamanos y que los políticos presos tienen condición de pixelados presos políticos.

Su desprecio por el protocolo y sus opiniones de cacerolada nos parecerían perfectos si no fuera ella (y cobrara por ello) la representante de todos los barceloneses.

Así que mejor sería que antes de salir de casa se tragara todo su ímpetu adolescente y desfachatez de barricada, y empezara a comportarse acorde con su edad y condición. Nos dijo que lo suyo no era ni pretendía ser la carrera política justo antes de presentarse como candidata a la alcaldía de Barcelona. Viendo cómo hace dejación de su cargo institucional en aras del activismo más pirotécnico y mendaz no nos cabe la menor duda de que así es. Lo suyo no es la política, pero sí en cambio parece serlo la poltrona.

Más de este autor

Tú que puedes

«Con el panorama general, y aunque no haya pillado tajada de los pérfidos saudíes ni tenga cuentas en paraísos fiscales, a mí también me gustaría escribir una carta de dimisión, deserción o despedida»

Opinión

Adiós al cine

«Ya nunca más la prensa podrá certificar la defunción de la era dorada de Hollywood»

Opinión

Más en El Subjetivo

Ricardo Dudda

Para cuando vuelva el procés

«Para cuando vuelva el procés, habrá que insistir en lo de siempre. Hay tres cuestiones centrales en el catalanismo que lo son también del independentismo, y que han protagonizado la actualidad en los últimos meses: la lengua, el Estatut y las infraestructuras.»

Opinión

Gregorio Luri

Twitter en Pompeya

«Los arqueólogos han sacado a la luz más de 20.000 ‘graffiti’ -¡y los que aguardan!- que nos sorprenden por la familiar trivialidad que encontramos en ellos»

Opinión

Joaquín Jesús Sánchez

Los lloricas

«Seguro que ahora, el buen timonel de la transición estará apenado, sentado en la casa opulenta de algún amigacho, pensando en que los «menores de 40 años solo lo recordarán como el de Corinna, el del elefante y el del maletín». Podría ser peor, majestad, pero es que no nos dejan»

Opinión

Cristina Casabón

Contra la tiranía identitaria, humor

«El humor es lo contrario a la cultura de la indignación, o cancel culture; si nos preocupáramos menos por nuestras identidades o por estar creando universos morales, podríamos ser más libres y escépticos. ‘Woke’ es un libro de humor unido a una ironía feroz sobre el mundo identitario»

Opinión