THE OBJECTIVE
Gemma Bargues

La masturbación del futuro

Resulta que, según un doctor en Inteligencia Artificial, en el 2050 el sexo con robots superará al sexo entre humanos. ¿Revolotear en la cama con un trozo de metal recubierto de caucho? ¿Por qué tener sexo con un robot cuando puedo tenerlo con alguien de carne y hueso, que me toque con sus manos de verdad, que me mire con sus ojos de verdad y que, bueno, todo lo haga de verdad?

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La masturbación del futuro

Resulta que, según un doctor en Inteligencia Artificial, en el 2050 el sexo con robots superará al sexo entre humanos. ¿Revolotear en la cama con un trozo de metal recubierto de caucho? ¿Por qué tener sexo con un robot cuando puedo tenerlo con alguien de carne y hueso, que me toque con sus manos de verdad, que me mire con sus ojos de verdad y que, bueno, todo lo haga de verdad?

Resulta que, según un doctor en Inteligencia Artificial, en el 2050 el sexo con robots superará al sexo entre humanos. ¿Revolotear en la cama con un trozo de metal recubierto de caucho? ¿Por qué tener sexo con un robot cuando puedo tenerlo con alguien de carne y hueso, que me toque con sus manos de verdad, que me mire con sus ojos de verdad y que, bueno, todo lo haga de verdad? Igual ahora no lo vemos, pero hace treinta años tampoco imaginábamos la relación intimísima que hoy mantenemos con nuestros smartphones. Y aquí andamos, cabeza gacha y sumisos perdidos. 

Aún aceptando que mi futuro yerno o nuera pudiera ser un amasijo de hierro, ¿no te pasa que la imagen de esta mujer de labios acuosos y pestañas perfectas te da un poco de grima? Tantísimo se quiere humanizar a los robots, que la chapa y pintura se les va de las manos y logran un efecto contrario: pudor, repulsión, como “mal rollo”. Mírala bien: ¿te meterías en la cama con ella? 

Pero dejando de lado la excitación que a cada uno le puedan provocar estas máquinas, vale que la tecnología ya se haya metido en nuestras vidas hasta el fondo, pero siempre querremos que quienes se metan en nuestra cama (con o sin amor), sea una persona, humana. Espero. 

Y mientras la sociedad asume este posible escenario, pensemos en el valor pragmático de estos “seres” inteligentes, en sus beneficios lúdicos y terapéuticos en personas con traumas o problemas para socializarse. Poco a poco y sin correr. Aunque pensándolo bien, las historias entre humanos y robots no son nada novedosas; en la película ‘Her’, el protagonista (humano) se enamora perdidamente de una carnosa y robótica Scarlett Johansson. Claro, igualita a la de la foto, así cualquiera. 

Pero volviendo al tema sexual del asunto, y a cuento de mi titular, ¿no crees que en lugar de “sexo con robots” es mucho más acertado describirlo como “masturbación”? Ahí lo dejo, pero hasta donde yo veo, personas solo hay una. 

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