Jon Navascues

La máxima del tiempo

¿Que quiere parar el reloj? Bueno, todavía no es posible, pero sí ralentizarlo. Vaya a un aeropuerto, allí donde las huelgas y los retrasos tienen más presencia que el anuncio de la lotería en navidad.

Opinión

La máxima del tiempo

¿Que quiere parar el reloj? Bueno, todavía no es posible, pero sí ralentizarlo. Vaya a un aeropuerto, allí donde las huelgas y los retrasos tienen más presencia que el anuncio de la lotería en navidad.

Sí, al fin. La encontré. La máquina del tiempo. No es una al uso, como todos nos la imaginamos. No permite visitar civilizaciones antiguas o certificar la extinción del ser humano, pero sí cambiar el ritmo de las horas, minutos y segundos.

¿Que quiere parar el reloj? Bueno, todavía no es posible, pero sí ralentizarlo. Vaya a un aeropuerto, allí donde las huelgas y los retrasos tienen más presencia que el anuncio de la lotería en navidad. Horas que parecen multiplicarse. Y luego es ver una cola y empezar a sudar. El tiempo avanza despacio. Poco le queda para retroceder.

Cómo cambia el cuento cuando se disfruta. Un buen partido de fútbol, una semana en el Caribe -o un mes-, una canita al aire, una buena compañía, un ratito de sofá con Kubrick… Lo bueno dura poco y lo malo una eternidad. Casi macabro. No importa los años que cuente su carné de identidad, eche la vista atrás. Un chasquido, un pis pas, oiga. Pero, ¿y lo asquerosamente lejano que parece el viernes?

Todas mis fechorías, todas las horas de biblioteca que invertí en otras cosas, esas personas con la que no me volví a topar, lo aprendido y lo olvidado… Están en mi cabeza, en la máquina del tiempo, comprimidas en un hueco que me define. Igual que mi anhelo por el próximo viernes, que también bulle en mi imaginación.

La cuarta dimensión se estira y contrae a nuestra merced, opuestamente a nuestra voluntad. Ésa es la máxima del tiempo, que es un cabrón. Porque además, si lo analizo, me doy cuenta de que el pasado es historia, el futuro es teoría y este preciso instante ya se va; y de que, en conclusión y por descarte, pienso, luego no sé ni cuándo existo.

Manda huevos.

Más de este autor

Mensaje al vacío

Todos damos por sentado que no estamos solos, que más seres vivos, razas o incluso civilizaciones pueblan nuestro universo inmenso. Es lo lógico. Si hay un piojo, por pelotas tiene que haber más.

Opinión

El Arte escupe sangre

Yoko empezó a dar rienda suelta a sus instintos. Ella dice ser una artista. Una artista conceptual. Un campo donde las ideas son el valor. Pero aquí encontramos un problema: el confundir la idea con el más absoluto absurdo.

Opinión

Más en El Subjetivo