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La oportunidad de Sánchez

"El presidente ha pasado de no comunicar decisiones a querer compartir responsabilidades. No es que le haya dado un ataque de consenso, sino que ahora requiere de una amplia mayoría para sacar adelante medidas valientes"

Foto: Borja Puig de la Bellacasa | EFE

La mejor versión de ti mismo surge de una profunda crisis. A veces, para seguir siendo uno mismo hay que saber cambiar. La crisis es la penumbra que antecede a la salida del sol. Por lo general, de una crisis no sales mediante la crispación o el activismo. Es una oportunidad para la reflexión y tender la mano al resto. Sin trampa ni cartón. Esta crisis nos da la oportunidad de cambiar aspectos de nuestras vidas, de ser más humanos y de tomar conciencia de que, como sociedad, nos debemos a unas reglas de convivencia.

El mundo después del coronavirus se decide durante esta crisis. Y en estos momentos tan duros, es Sánchez y sólo Sánchez quien pilota la nave del país. En él está dejarse llevar por los encantadores que se apresuran a pronosticar la muerte del capitalismo y la creación de un “nuevo paradigma” llamado comunismo o como lo quieran llamar. También reside en él buscar el consenso parlamentario y para ello, todas las fuerzas tendrán que dejar atrás su “ombliguismo” y centrarse en sacarnos del devastador epicentro económico que tendremos que afrontar. Sin florituras.

El problema es que llegamos tarde y para que esto arranque es necesario dejar atrás la desconfianza y los intereses propios. El Gobierno ya tiene identificados una serie de problemas y ha creado distintas áreas, formadas por expertos y capitaneadas por ministros, para intentar solucionar esta caída simultánea de la oferta y la demanda. El gran problema de España, a diferencia de Alemania, es el déficit estructural, la deuda y los altos niveles de desempleo con los que contamos.

Las previsiones de salida de la crisis, según una ministra, están alrededor de dos años en volver a los niveles actuales del Producto Interior Bruto (PIB) previos a la pandemia. De la recuperación dependemos de Europa, pero también de las medidas que aplique el Ejecutivo de Sánchez. No nos engañemos.

El presidente ha pasado de no comunicar decisiones a querer compartir responsabilidades. No es que le haya dado un ataque de consenso, sino que ahora requiere de una amplia mayoría para sacar adelante medidas valientes, más allá de querer pasar de puntillas por las explicaciones derivadas de la gestión del coronavirus. Cuando termine la crisis sanitaria pasaremos a la económica sin pestañear.

España está formada por más de tres millones de pymes y los autónomos son los grandes perdedores de esta crisis. También preocupa y mucho en el seno del Gobierno el sector turístico y el hostelero. De hecho, se valora un posible plan de rescate público dada su importancia en nuestro PIB. También sería buen momento para replantearse qué tipo de turismo queremos, más allá del de botellón y el ‘todo incluido’ que tan apenas deja riqueza en nuestro país.

Además de medidas urgentes, el Ejecutivo también se acuerda estos días de vertebrar sectores que llevan años siendo desatendidos por unos y otros. El pobre sistema informático de los registros civiles obligó a Justicia a habilitar un correo para notificar los fallecidos por coronavirus de cada comunidad autónoma. El día de su puesta en escena, la semana pasada, se colapsó y los datos no llegaron. La Ley del Registro Civil lleva clamando la creación de un sistema tecnológico desde julio de 2011. “Al final, todo se queda en papel mojado”, comenta un magistrado.

Moncloa maneja sus propios tiempos. Sánchez busca que la primera “mesa de reconstrucción” se celebre entre el 21 y el 30 de abril, para que todos los partidos presenten sus propuestas a primeros de junio, se ultime un documento y lleve a la práctica a partir de julio. Unas fechas que podrían retrasarse si en lugar de mesa orquestada por Moncloa, pasa a una comisión parlamentaria en el Congreso.

En un clima político de crispación, sería muy fácil sentarse a esperar que la crisis devore al Gobierno. Sin embargo, la gran mayoría de fuerzas están convencidas de que hay que arrimar el hombro, aunque sea acuerdo por acuerdo, como quieren los populares. En Génova buscan llevar los pactos al Congreso para que participen todos los partidos. Dejar atrás la épica o que Sánchez canalice esto como un momento histórico desde La Moncloa, para bajarlo al terreno reglado del consenso en la Cámara Baja. Articular los acuerdos entre todos. Según Balzac, “en las grandes crisis el corazón se rompe o se curte”.

En el mundo se está librando un pulso por ver quién entiende primero el futuro. Esperemos que la acción coordinada de nuestros políticos minimice los daños (humanos y económicos), y nos permita descubrir nuevas oportunidades para salir cuanto antes. Las crisis agudizan los sentidos y despiertan el ingenio. Será la única oportunidad de Sánchez.

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