THE OBJECTIVE
David Martínez

La pájara de Pedro Sánchez

Como suele ocurrir con la primera etapa de montaña del Tour, el debate a cuatro no dejó un ganador claro pero sí un perdedor incuestionable. Pedro Sánchez sufrió una pájara importante desde el primer puerto hasta el último, se dejó una minutada ante sus rivales directos y, lo que es peor, no dio muestras de tener recursos para poder remontar. El líder del PSOE compareció mustio, destilando resignación y por momentos parecía que se estaba despidiendo de la primera línea. No encontró fuerzas ni para dotar de energía y credibilidad las intervenciones con las que más tenía que ganar: al resaltar la “pinza” que le negó La Moncloa o al criticar los casos de corrupción surgidos en torno al PP.

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La pájara de Pedro Sánchez

Como suele ocurrir con la primera etapa de montaña del Tour, el debate a cuatro no dejó un ganador claro pero sí un perdedor incuestionable. Pedro Sánchez sufrió una pájara importante desde el primer puerto hasta el último, se dejó una minutada ante sus rivales directos y, lo que es peor, no dio muestras de tener recursos para poder remontar. El líder del PSOE compareció mustio, destilando resignación y por momentos parecía que se estaba despidiendo de la primera línea. No encontró fuerzas ni para dotar de energía y credibilidad las intervenciones con las que más tenía que ganar: al resaltar la “pinza” que le negó La Moncloa o al criticar los casos de corrupción surgidos en torno al PP.

Albert Rivera le robó todo el protagonismo en este último punto, calcando la estrategia seguida en diciembre de dar por buenos los papeles de Bárcenas y descartar a Rajoy como líder. Quizá se pasó de frenada en alguna consigna, pero es probable que haya conectado con parte del electorado que le votó en diciembre y ahora duda qué hacer. En un momento difícil -campaña polarizada y antiguos votantes apáticos-, las piernas le respondieron y aguantó bien el tirón de los dos gallos, muy cómodos en sus antagónicos papeles.

Iglesias interpretó de maravilla el personaje pleno de talante y buena disposición por el que apostó desde la disolución de las Cortes. Su estrategia es la de sepultar al diputado hosco y malencarado de la cal viva para mostrar un perfil más presidencialista que le permita seguir ganando posiciones a Sánchez. No solo logró contener los arrebatos del tertuliano iracundo que lleva dentro, sino que adornó cada intervención de un tono pedagógico muy apropiado que le hizo dar una gran impresión y disputar el sprint a Mariano Rajoy, como se proponía.

Al líder del PP también le salieron los planes. Consiguió diferenciarse claramente de los tres rivales -desde el momento en que exigió el atril de la izquierda- y explotar sus grandes armas: glosó con maestría las bondades de la experiencia y alertó con eficacia de los riesgos que siempre entraña lo bueno por conocer. También en economía se manejó con soltura, así como rechazando el y tú más al debatir sobre corrupción con Sánchez. Cruzó la meta pegado a Iglesias -que si finalmente se impuso fue por milésimas y tras varias visualizaciones de la photo finish- en la que era la etapa más difícil para él. Es muy probable que ambos sigan creciendo en los próximos días, aunque ya sabemos que el ganador final de esta ronda -si lo hay- no se decidirá en la carretera, sino en los despachos a partir del 27 de junio.

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