Melchor Miralles

La peligrosa soledad de Maduro

Se acerca el domingo 30, fecha prevista por el dictador Venezolano Nicolás Maduro para los comicios de la Asamblea Constituyente en los que pretende elegir a más de 500 diputados en un proceso sin las más mínimas garantías democráticas, controlado, tutelado y adulterado por el régimen, cuya misión sería redactar una nueva Constitución bolivariana de la que se derivaría un entramado institucional diseñado a imagen y semejanza de Cuba con el que Maduro quiere perpetuarse en el poder.

Opinión

La peligrosa soledad de Maduro
Melchor Miralles

Melchor Miralles

Periodista, productor de televisión y cine y escritor. Le gusta leer, viajar, comer, o sea, un disfrutón de la vida.

Se acerca el domingo 30, fecha prevista por el dictador venezolano Nicolás Maduro para los comicios de la Asamblea Constituyente en los que pretende elegir a más de 500 diputados en un proceso sin las más mínimas garantías democráticas, controlado, tutelado y adulterado por el régimen, cuya misión sería redactar una nueva Constitución bolivariana de la que se derivaría un entramado institucional diseñado a imagen y semejanza de Cuba con el que Maduro quiere perpetuarse en el poder. La oposición estima que un 92% de los ciudadanos siguieron la huelga de 48 horas convocada para miércoles y jueves en la primera jornada, en la que se produjeron, como viene siendo habitual, graves disturbios en todo el país, con al menos dos muertos, que elevan a 105 el número de fallecidos en los último cuatro meses de protestas.

La mayoría de los venezolanos se muestra contrario a la celebración de las elecciones del domingo, así como la mayoría de los líderes de los países democráticos del mundo y la mayoría de las instituciones internacionales, que llaman al Gobierno de Caracas a suspender los comicios, aunque la realidad es que son imparables.

La economía venezolana va en caída libre, hay severos problemas alimenticios y sanitarios, la represión crece cada día y las expectativas no son buenas. El chavismo, tutelado por los Castro desde La Habana desde hace 18 años, ha reventado el país y ya solo quedan unos pocos fanáticos apoyando a un régimen cuya soledad internacional le convierte en más peligroso. Las salidas son complicadas y los venezolanos temen ahora la posibilidad de que Trum imponga un bloqueo petrolero que, de consumarse, sería una coartada perfecta para que Maduro y sus sicarios, con el eficaz apoyo del castrismo cubano, se presentaran como víctimas del imperialismo yankee y achacaran todos los males del país a los EEUU.

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