Laura Fàbregas

La peste amarilla ataca Madrid

Como todo movimiento de masas, el independentismo ha sufrido un empeoramiento ético y estético con el pasar de los años

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La peste amarilla ataca Madrid
Foto: EMILIO MORENATTI
Laura Fàbregas

Laura Fàbregas

Vivo entre Madrid y Barcelona. En tierra de nadie. Me interesan las causas incómodas. Pero lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace.

Como todo movimiento de masas, el independentismo ha sufrido un empeoramiento ético y estético con el pasar de los años. La ilusión inicial del proyecto rupturista ha dado paso a la frustración y, ahora, parte del movimiento vive en un estado de ensimismamiento, incapaz de hacer autocrítica o de reconducir sus emociones en busca de una salida o alternativa política.

La condición de prisión preventiva de los líderes del procés tampoco contribuye a ello, dado que cualquiera que plantee —incluso desde el mismo independentismo— no subordinar la política a la situación de cárcel se expone a ser víctima del chantaje emocional de los adláteres procesistas que continúan en el Govern. Se esgrime que no comparten el dolor de los “presos políticos” o “exiliados” y este abordaje moralista desborda cualquier aproximación basada en el pragmatismo.

Esta desinhibición de los sentimientos que rige la vida política catalana se cristaliza en la toma del color amarillo y de su contagio en edificios públicos. Durante mucho tiempo tuvieron el pudor de reservar la estelada en los balcones privados; pero ahora el fin justifica los medios. Y ante el luto hacia sus presos matan la neutralidad y el pluralismo político.

Como describió Eugène Ionesco en Rinoceronte, su fábula contra los totalitarismos, los habitantes de un pequeño pueblo francés se convierten en rinocerontes al ser atacados por un extraño virus. De algunas interpretaciones de La Peste, de Albert Camus, se infiere la misma crítica cuando el escritor existencialista denuncia que, en nombre de la pestilencia, se acaban restringiendo las libertades de todos los ciudadanos.

La última mutación del procés ha dado lugar a una masa amarilla en el que el individuo y su capacidad de raciocinio brilla por su ausencia. Para ello, profanar sus símbolos es la respuesta del humanismo frente al identificador tribal que es el lazo amarillo.

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