Gregorio Luri

La política I.S.A.

Lo que les cuento hoy puede ser que me lo crea o puede que no. Les cuento: Hay en la cosa política un componente infantil que, sin embargo, conviene no tomarse muy en serio. Lo que hay en juego es demasiado importante como para ignorar la importancia de la dramatización.

Opinión

La política I.S.A.
Gregorio Luri

Gregorio Luri

Cuantos más años tengo, más resumo mi tarjeta de visitas. He elegido mi epitafio: “No se fue de ningún sitio sin pagar".

Lo que les cuento hoy puede ser que me lo crea o puede que no.

Les cuento: Hay en la cosa política un componente infantil que, sin embargo, conviene no tomarse muy en serio. Lo que hay en juego es demasiado importante como para ignorar la importancia de la dramatización.

Incluso conviene dudar de que Maquiavelo tuviera razón cuando aseguraba que la virtud del gobernante la decide siempre su fortuna, que no hay acción política que no tenga consecuencias imprevisibles o que más de una vez las buenas intenciones de los políticos han llevado a un país al desastre.

Conviene ignorar a los que aseguran que en política la urgencia de los problemas a resolver es siempre mayor que la sabiduría disponible para resolverlos, porque es más reconfortante creer que somos gobernados por un zorro previsor que por un cordero sobrepasado por las circunstancias. El elector es demasiado narcisista y nada erosiona más rápidamente su confianza que la sospecha de que su voto ha servido para encumbrar a alguien como él.

La ideología (sea del color que sea) es la fe en la existencia de la sabiduría política y en que alguien dirige, por lo tanto, lo que se representa en los escenarios.

Decía Karl Krauss que la política es lo que un hombre hace a fin de ocultar lo que es y lo que no sabe. Podemos decirlo también de un país. La política es creer de buena fe que podemos decir “¡Basta de política!” como dice el sensato en las comidas familiares en cuanto comienza a elevarse el tono de las discrepancias con lo real. “¡Basta de política!”, decimos, y nos disponemos a soñar nuestro sueño más querido: que vivimos en un hotel y que el Estado tiene el deber de garantizarnos con diligencia la satisfacción de lo que creemos merecer.

Concluyo con una anécdota.

H.G. Wells se encontró en una ocasión con Winston Churchill y le preguntó sobre la marcha de la guerra.

– Estamos llevando adelante nuestro plan -dijo Churchill.

– ¿Tienes un plan? -preguntó Wells.

– ¡Si, claro que sí!

– ¿Cuál!

– ¡Continuar con nuestra política general!

– ¿Tienes una política general?

– ¡Evidentemente! ¡La política I.S.A.!

– ¿Y en qué consiste la política I.S.A.

– En esto: en Intentar Salir del Atolladero.

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