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La prensa, entre Obama y Trump

Escribo desde Miami, en la despedida de Obama y la llegada de Donald Trump. El primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos de Norteamérica realizó su última despedida frente a la prensa, a quien agradeció su trabajo durante su mandato de ocho años. En una intervención llena de guiños, Obama quiso dejar un mensaje de esperanza a su país y se mostró convencido de que su sucesor “cambiará muchas de sus opiniones cuando escuche a sus asesores”, para terminar afirmando que la libertad de prensa “es parte de cómo funciona este país, América os necesita”.

Un lince Obama en su relación con los medios. El miedo a las políticas de Trump se percibe en muchos, y también la confianza en el papel de la prensa como perro de presa y guardián de la democracia en los EEUU. No es oro todo lo que reluce en este país en relación con los medios. El poder presiona como en todos lados. Pero si nos comparamos salimos perdiendo, sobre todo salen perdiendo los propietarios de las grandes corporaciones. Aquí no hay reverencias, no se escribe tan al dictado, hay espíritu crítico, y hay, sobre todo, una conciencia de la relevancia del papel de los medios muy superior a la que tenemos en esta España nuestra en la que los editores han claudicado tantas veces ante quien tiene la sartén por el mango.

En el adiós de Obama, por la incertidumbre, he percibido una esperanza real, sincera, en lo que puedan hacer los medios de comunicación para evitar los excesos que se temen de Donald Trump, que amenaza con un mandato convulso, tenso y déspota. Desde antes de tomar posesión suenan tambores de posible impeachment si consuma los excesos que se imaginan. O sea, que aún en lo formal, en lo previo, con la que se avecina, la prensa goza en los EEUU de una salud moral que para nosotros quisiéramos. Esa es la realidad. Triste, pero realidad.

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