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La primera vez que escuché a Leonard Cohen

Mucha gente recuerda la primera vez que escuchó a Leonard Cohen.

La primera vez que supe que lo escuchaba fue a principios de los años noventa, en un Seat Ibiza rojo. Volvíamos un domingo por la noche desde Zaragoza a Urrea de Gaén, el pueblo de Teruel donde vivíamos. Mi padre puso una cinta de los grandes éxitos de Cohen y nos dijo a mi hermana y a mí que no olvidáramos a ese cantante.

Tres o cuatro años más tarde, otra noche, en su casa, Jonás Trueba me iba traduciendo la letra enigmática y tristísima de “Famous Blue Raincoat” mientras sonaba la canción. En La Reconquista, la película más reciente de Jonás, el protagonista descubre su vocación de traductor al ver un error en la versión castellana de “Chelsea Hotel #2”.

Leon Wieseltier ha escrito que había algo de filosofía en la sensualidad de Leonard Cohen (aunque quizá podría decirse también que siempre había algo erótico en su misticismo). Se le asociaba con la melancolía y cierta solemnidad, pero una tercera clave de su encanto era el humor: el que dice me dijiste otra vez que preferías a los hombres guapos, pero que conmigo harías una excepción; el del comandante Cohen, nuestro espía más importante, de uno de sus mejores discos, New Skin for the Old Ceremony; el de la entrega kamikaze de “I’m Your Man” o el que en “Almost Like the Blues” describe un panorama aterrador: “Hay tortura, hay asesinatos, están todas mis malas críticas”; el que inicia “Tower of Song” diciendo “My friends are gone and my hair is gray/ I ache in the places where I used to play”. (El humor está también en las canciones apocalípticas, que son casi un subgénero de Cohen.)

En el perfil que David Remnick escribió sobre el canadiense, Bob Dylan decía que a menudo se infravalora el talento melódico de Cohen. Cambió musicalmente: miró hacia el futuro en discos como I’m Your Man pero también hacia el pasado, con obras como Recent Songs o la reciente “You Want It Darker”.

Leon Wieseltier dice que era el “abogado poético de lo limitado y lo fallido”: alguien que supo explicar que hay algo hermoso en lo que está roto. “Hay una grieta en todas las cosas/ Por ahí es por donde entra la luz”, dice en una de esas canciones, y una vez que lo has oído el mundo ya no vuelve a ser de la misma manera.

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