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La profesora que enseñaba demasiado

No mire a Finlandia ni piense en el informe PISA. Mire aquí ahora y observe a la mujer que sonríe al objetivo. Tiene toda la pinta de ser modelo. De hecho, fue modelo y miss Irlanda del Norte. Miss Joanne, como le llamaban sus alumnos en Harrow, impartía clases de arte y disfrutaba enseñando.

La UNESCO celebra todos los años el 5 de octubre el Día Mundial de los Docentes o #worldteachersday. El lema de este año señala la necesidad de “empoderar al profesor para construir sociedades sostenibles”. Las escuelas son sociedades en miniatura. El profesor es mucho más que un agente facilitador de aprendizaje como pretenden algunos pedagogos contemporáneos. En el fondo todos recordamos a un maestro que nos cambió la vida; ese profesor que nos hizo caso y se quedó a escucharnos al terminar la clase un día. Para ser maestro o profesor hace falta una devoción que no siente cualquiera.

En el cine y los libros se explica bien. Se entiende sobre todo cuando lloras mientras los niños apedrean a don Gregorio en “La lengua de las mariposas” y piensas que la educación no vale para nada. Otro día te emocionas al comprobar el respeto que inspira a los chicos malos la personalidad del profesor Thackeray en un instituto londinense.

Seguro que la mujer de la fotografía también tuvo su profesor favorito. Ms Salley, olvidó una memoria USB con su yo físico más sensual en un aula. Intencionadamente alguien difundió las imágenes de la profesora que enseñaba demasiado. Por extraño que resulte hoy, la irlandesa tiene vergüenza y debe de contar además con una ética personal seria y profunda que le impide ponerse delante de sus alumnos. Entiende lo que otros no entenderán nunca, que sin decencia no hay docencia.

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