Irene Cacabelos

La puerta de la pena y el dolor

La aventura de emigrar tiene epílogos muy distintos según la puerta por la que tengas la suerte o la desgracia de salir

Opinión

La puerta de la pena y el dolor

La aventura de emigrar tiene epílogos muy distintos según la puerta por la que tengas la suerte o la desgracia de salir

Salieron de Eritrea buscando una vida mejor. O una vida, a secas. La mayoría no la tenía en su país y muchos de ellos la perdieron antes de alcanzar su sueño.

Los eritreos llaman a la ruta de escape de su tierra «La puerta de la Pena y el Dolor». Una travesía que en la mayoría de los casos termina en tragedia. De los últimos 500 que decidieron intentar cruzar esa puerta sólo 155 consiguieron llegar con vida a Lampedusa. La estadística, sin embargo, no consigue detener la sangría, seguramente porque en la mayoría de los casos la desesperación puede más que el miedo al fracaso.

Decía el Papa Francisco en su última visita a Lampedusa que asistimos a la «globalización de la indiferencia» y, sinceramente, se me ocurren pocas cosas peores que ese sentimiento. Quizás el error está en hablar de la inmigración como un «fenómeno». Tiene tantas caras y aristas que resulta difícil encontrar la palabra adecuada.

Inmigrantes son los que llegan en barco a Lampedusa, los que cruzan en cayuco el Estrecho de Gibraltar, los que tratan de saltar entre las cuchillas de la valla de Melilla… pero también los españoles -la mayoría jóvenes- que cada día hacen la maleta en busca de un futuro mejor. Antes lo hicieron nuestros padres -el mío también- y ninguno de nosotros puede asegurar que un día no tenga que tomar esa misma decisión.

Esta mañana ojeando el Facebook he visto las fotos de dos amigas. No se conocen pero ambas han plasmado el mismo momento sin saberlo: la puerta de embarque que las lleva a su nuevo destino. Una a Bruselas y la otra, a Buenos Aires.

La del aeropuerto también es una puerta, pero afortunadamente no es la de la pena ni la del dolor. Puede que les vaya bien. Puede que tengan que regresar. Pero sé que llegarán a su destino sin riesgos.

Es lo que debería ser y, sin embargo, la aventura de emigrar tiene epílogos muy distintos según la puerta por la que tengas la suerte o la desgracia de salir. Eleanor Roosevelt escribió que “el futuro pertenece a los que creen en la belleza de sus sueños”. Nadie debería de ser culpabilizado por perseguir los suyos.

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